Gigaincendios forestales en Australia en 2019/20: ¿Hubieran sido evitables con gestión forestal? – Parte 1ª

Incendios Forestales en Australia – OSBO Digital

La temporada de incendios forestales del 2019/20 es la más catastrófica que se recuerda en Sídney y Canberra, desde el punto de vista del área quemada. El servicio de incendios rurales cuantificó que el 21% del bioma de los bosques templados en el sudeste de Australia fue víctima de las llamas. Se trata de un número sin precedentes en nuestro registro sobre incendios forestales, incluso a nivel global, aunque debemos matizar que este registro es relativamente reciente.

Para entender si incendios de semejante magnitud se hubieran podido prevenir a través de la gestión forestal, debemos primero emprender un viaje por el tiempo. Un viaje que empieza hace unos 45.000 mil años, con la llegada del hombre a Australia.

Aridificación y colapso ecosistémico tras la llegada del hombre

El registro paleoecológico nos indica como la llegada del hombre a Australia viene acompañada de una gran aridificación del continente e, incluso, de un colapso ecosistémico. Actualmente se debate si dicho colapso se debe a la acción humana o a la variabilidad climática.

Son muchas las pruebas que nos indican como los primeros pobladores australianos dominaban y usaban frecuentemente la tecnología pírica. El fuego es una herramienta que sirve para cambiar el paisaje, cazar, deshacerse de alimañas y crear rutas de viaje, entre otros usos.

La afición por la antorcha pudo contribuir a una apertura del paisaje, esto es, a la disminución de la cobertura arbórea y también a la pérdida de la megafauna australiana. Este cambio paisajístico afectó negativamente a la evapotranspiración y, en consecuencia, la precipitación disminuyó y se alteró también el albedo. Algunos autores consideran que la llegada del hombre a Australia desató una reacción en cadena que acabó en un colapso ecosistémico.

Genyornis BW

Genyornis newtoni, con más de dos metros de altura, es un ejemplo de la megafauna australiana que sucumbió tras la llegada del hombre. – Nobu Tamura (http://spinops.blogspot.com), CC BY 3.0 <https://creativecommons.org/licenses/by/3.0>, via Wikimedia Commons

Esta hipótesis está actualmente discutida porque no está claro que la densidad poblacional fuera lo suficientemente elevada como para alterar el paisaje de todo el continente y porque coincide también con un periodo de cambio climático.

Se establece un nuevo equilibrio pírico en la sabana

Más allá de la causa de la modificación de los ecosistemas australianos tras la llegada del hombre, lo que está claro es que se llegó pronto a un nuevo “equilibrio”. Un equilibrio entrecomillado porque, recordemos, la naturaleza es dinámica y las perturbaciones forman parte de ella.

Este nuevo equilibrio estableció una serie de pirohábitats: espacios donde el ecosistema dependía de la presencia recurrente del fuego por parte del hombre. Se ha documentado, desde hace tiempo, como el fuego era un constante en la gestión de la sabana australiana. Y es que algunas zonas arden anualmente, ya sea de forma natural o antrópica.

En los últimos años se ha hecho un esfuerzo considerable por volver a introducir el fuego aborigen en la gestión de la sabana australiana. Estas quemas controladas han logrado frenar lo que algunos llaman como “fuego malo”. Esto es, el fuego sin control y con efectos mayoritamente adversos sobre la sociedad, economía y ecosistemas.

Pero la sabana es muy diferente al bosque, desde el punto de vista de los incendios. Y hasta qué punto los aborígenes hacían uso de la tecnología pírica para mantener a raya a los bosques en el sudeste australiano no estaba tan claro.

Efectos de la colonización británica sobre el fuego en los bosques

Alexander Schramm - An Aboriginal encampment, near the Adelaide foothills - Google Art Project

Recreación de un asentamiento aborigen cerca de Adelaida – Art Gallery of South Australia, Public domain, via Wikimedia Commons

Estudios recientes argumentan como el bosque del sudeste australiano es un tipo de vegetación reciente, que solo aparece tras la colonización británica iniciada hace 234 años. Estos estudios argumentan que los paisajes adehesados eran muy comunes en la era pre-colonial.

Y es que se ha propuesto como, a través del uso extendido del fuego, los aborígenes disminuían la cobertura de árboles y matorrales, por lo que disminuían la carga de combustible. Cuando se abandona este tipo de gestión, el bosque se expande y, con él, la continuidad de combustibles.

Ahora bien, sería un error pensar que la actividad de los incendios disminuyó tras la colonización. En realidad, la actividad de los incendios, inferida a través de los análisis del carbón sedimentario depositado en lagos, ha aumentado tras la colonización. Se encuentran mayores acumulaciones de carbón pero también una mayor variabilidad temporal y espacial. Es decir, los datos paleoecológicos son compatibles con un modelo donde los incendios recurrentes de baja intensidad en la época pre-colonial son sustituidos por incendios menos frecuentes pero de mayor intensidad en la época pos-colonial.

Pero hay otras explicaciones posibles a este cambio en las acumulaciones de carbón sedimentario. Una es que el aumento en el registro de carbón sedimentario indica un mayor uso de la tecnología pírica como herramienta de roturación por parte de los colonizadores. Otra posibilidad es que ahora, al igual que hace 45.000 años, estamos atravesando un cambio climático. Pero a diferencia del de entonces, el cambio climático actual es de origen antrópico y está ocurriendo con mucha mayor intensidad y rapidez. Aumentos en la aridez favorecen a la disponibilidad del combustible para arder al disminuir la humedad.

Y me temo que me he quedado sin espacio para más. En la siguiente entrada nos centraremos en la causa de los gigaincendios actuales y cómo prevenirlos.

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