Reflexiones para una mejora en la profesionalización y especialización de la gestión de los escenarios de la Pesca deportiva y recreativa en España, como un recurso natural más dentro del sector forestal

Fernando Torrent Bravo

Por Fernando Torrent Bravo, Doctor Ingeniero de Montes y Profesor de la Universidad Politécnica de Madrid. Medalla de Honor del COIM por su Actividad en el sector privado.

Creo interesante comentar este tema a nuestra profesión, dado el enorme potencial que tiene el desarrollo adecuado de la actividad de la pesca deportiva y recreativa tanto en el interior como en la Costa en España. No podemos olvidar que además de los 630.000 pescadores españoles actuales, tenemos 25 millones de pescadores en Europa y nuestros recursos naturales acuáticos están unidos a un magnífico clima para la práctica de deportes y actividades al aire libre. La realidad es que, salvo contadas excepciones, todavía tenemos relativamente poca presencia de pescadores extranjeros dentro de nuestros escenarios de pesca. A nivel europeo, este sector de la pesca deportiva y recreativa, mucho mejor organizado que en España, quiere participar activamente en la Política Pesquera Común porque mueven cifras económicas cercanas a la pesca comercial.

Mi experiencia como profesor en la ETSI de Montes en los últimos 20 años, me ha evidenciado que muchos ingenieros jóvenes se han especializado en la gestión de escenarios de caza y, de hecho, se desarrollan profesionalmente en él. Todo ello consecuencia de que la caza es un verdadero sector económico que precisa de técnicos y les paga acorde con su experiencia. Sin embargo, no pasa lo mismo con la pesca donde la gestión de los escenarios de pesca es muy limitada y, en su gran mayoría de gestión pública que no prioriza la sostenibilidad económica de los escenarios y por ello no dispone de técnicos suficientemente especializados salvo algunas excepciones, en toda nuestra geografía. Si realmente no hay técnicos con verdadero conocimiento y criterio técnico se puede caer en la política de que “la naturaleza sabe hacerlo mejor” lo que está llevando al abandono de la gestión técnica de dichos escenarios. Todos sabemos que un recurso natural bien gestionado, se le puede sacar más rendimiento si se sabe dirigir. Es triste ver cómo pescadores españoles tienen que buscar, en algunos casos, escenarios adecuados en otros países, porque en España no parece posible el generarlos.

Es interesante aprender de la historia desde los  inicios del ordenamiento de la pesca y de la acuicultura, relativamente reciente, para ver las posibilidades de generar trabajo técnico en la actualidad. En los años 70, este sector estaba gestionado por ingenieros de montes herederos directos de los distintos Servicios Nacionales de Pesca y Caza que, con distintos nombres, existieron desde su creación a finales del siglo XIX.

Las peculiaridades geográficas e hidrográficas de España generaron una sociedad muy consumidora de pescado, dados sus extraordinarios recursos pesqueros y sus importantes masas de agua que, con variadas condiciones climáticas y fisiográficas, permitían y permiten una gran variedad de especies. Aparte de la enorme costa existente, disponemos de unos ríos que suman unos 75.000 Km. de recorrido, y unas 250.000 Ha. de lagos, lagunas, pantanos, charcas, estuarios, marismas, esteros y deltas en donde se incorporan las 1.200 presas construidas en los últimos 100 años Hoy en día constituyen un recurso natural espectacular para la práctica de la pesca deportiva y recreativa, con un potencial turístico enorme para los millones de pescadores europeos, especialmente por la bondad de nuestro clima mediterráneo.

La frenética actividad técnica desarrollada por aquellos equipos que gestionaban el conocimiento existente entonces era bien conocida por la sociedad, pues expedían centenares de miles de licencias de pesca anualmente  [D. José Luis Miranda, en la revista Montes,  hablaba de que las licencias de pesca continental en 1979 y con mucha menos población que la actual, fueron de 755.551, frente a las 355.155 de 1969, duplicándolas en sólo 10 años de trabajo del ICONA – frente a una estimación actual de 630.000 pescadores (Martínez, V..ETSI Montes.2017)]. El colectivo forestal fue protagonista de la gestión de la pesca (que incluía una vigilancia efectiva que garantizaba la eficacia de las regulaciones), y todo ello unido a la gestión diaria de decenas de centros públicos de piscicultura de repoblación. Conjuntamente con estos trabajos en este periodo apareció la gestión y regulación de la actividad privada industrial de piscicultura, que fue el embrión de la importante industria nacional actual de la acuicultura española, sin duda un gran trabajo con una plantilla técnica fuertemente especializada. Esta industria, que en el último trimestre del siglo XX estaba naciendo, hoy en día, 50 años después, abastece de manera mayoritaria en productos pesqueros a la enorme población actual tanto en España como en el mundo. La acuicultura mundial constituye la industria de alimentación con más rápido crecimiento de la historia de la humanidad.

Este experimentado equipo técnico, con la aprobación de la Constitución de 1978 cambió radicalmente la gestión siendo sus objetivos básicos el traspaso ordenado de esas competencias a los equipos técnicos iniciales de las Comunidades Autónomas. En muchos casos cayeron en manos de administraciones jóvenes sin equipos especializados en estos aspectos. En mi opinión personal, creo que se originó una disminución notable de la gestión activa.

La Pesca y la Acuicultura han ido en paralelo al profundo cambio de nuestra sociedad y, con ella, de los ecosistemas acuáticos en España. Sin duda la existencia de centenares de embalses, la regulación de caudales, los vertidos incontrolados en muchas masas de agua, algunos todavía sin resolver,… etc., en definitiva, la incompleta aplicación de la Directiva Marco de Agua en nuestros ecosistemas ha tenido un efecto devastador en lo que son las poblaciones faunísticas que habitan dichos ecosistemas. A fin de cuentas, la vida existente allí no es más que un indicador de la calidad del medio que las demandas de la sociedad ha generado. El desarrollo adecuado de la pesca es una actividad absolutamente compatible y complementaria con la implementación de la Directiva Marco del Agua y, de hecho, el fomento de la pesca y con ella, la mayor presencia de pescadores, promueve una vigilancia más efectiva del medio acuático.

Sin embargo, pese a la escasa atención a este ámbito, el poco protagonismo que ha tenido se ha centrado en aspectos poco relevantes para la calidad de nuestras aguas continentales. Así por ejemplo, es curiosa la paranoia generada en España con las especies exóticas invasoras que no son más que indicadoras de los cambios en nuestros ecosistemas acuáticos. Cambió nuestra sociedad y con ella numerosos ecosistemas acuáticos y su fauna asociada, cambios en muchos casos irreversibles tal como reconoce la propia Comisión Europea (https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=DOUE-L-2016-81269). La controversia fue tal que llegó al Supremo quien, mal asesorado, en una Sentencia de 2016, añadió al Catálogo español de especies exóticas invasoras (Real Decreto 630/2013, de 2 de agosto) un gran número de especies de enorme importancia para la práctica de la pesca deportiva y recreativa, y que ningún otro país europeo las considera así por su impacto socio económico, entre otras razones. Especies que tienen que ser gestionadas como otra especie más, pues es generalmente reconocida la imposibilidad de su erradicación en ecosistemas abiertos. Esta decisión ha supuesto que, por primera vez en España desde la aprobación de nuestra Constitución, una norma de ámbito nacional afectara de manera sustancial al ejercicio de la pesca en toda la geografía española. Consecuencia directa de ello fue la respuesta social de miles de afectados que desembocó en una manifestación en Madrid con centenares de miles de asistentes. La movilización promovió la modificación de la Ley 42/2007 de Patrimonio Natural y la Biodiversidad en 2018, racionalizando con ello la aplicación de la Sentencia del Supremo. Ha sido la primera vez que se ha demostrado la fuerza social de esta actividad cuando actúa unida.

Este hecho evidencia que, independientemente de que la pesca haya sido transferida, la Administración Central debe disponer de técnicos conocedores del tema pues, sin duda, hay leyes de ámbito nacional que la afectan de forma directa. De hecho, en la actualidad, los sectores de la pesca y de la acuicultura continental (sobre todo) están reclamando a la Administración Central un interlocutor, pues las competencias han quedado desdibujadas en varios ámbitos. Valga de ejemplo el que no se conozcan con precisión ni siquiera los datos del sector a nivel nacional, datos absolutamente necesarios para poner en orden y en valor este magnífico recurso; localizado además en la denominada “España vaciada”. Nuestro sector forestal, formado en la gestión de los recursos naturales, debe recuperar el protagonismo perdido para evidenciar el potencial de esta actividad en beneficio de nuestra sociedad y de nuestros ecosistemas acuáticos.

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