La Ciencia Forestal en 2023 (primera parte)

Imagen: Pixabay

Llega fin de año y, con él, las listas: la de los regalos a los reyes magos, libros más vendidos, o discos más escuchados… En esta entrada no pretendemos hacer una lista de los mejores estudios forestales publicados este año, si no una compilación con algunos artículos que han llamado nuestra atención. Hasta ahora, a través de esta sección del Blog del COIM, hemos dado voz a diferentes profesores e investigadores nacionales, quienes nos han explicado sendos programas de investigación (si quiere participar, le ruego que se ponga en contacto con quien firma este artículo). Esta vez nos haremos eco de diferentes estudios internacionales. La lista que aquí proponemos carece de ambición, y no pretende ser un “The Best of …”, ni nada parecido. Sencillamente buscamos compartir con el lector algunos de los estudios publicados este año que han llamado nuestra atención, por si también resultan de utilidad o, por lo menos, de interés, al lector. Debido a su longitud, dividiremos esta entrega en dos partes y, en la primera, nos centraremos estudios relacionados con la gestión del medio …

Prevalencia de bosques abiertos antes de la modificación humana

Es de sobras conocido como aquello de “la ardilla de Estrabón” no se trata solo de una cita apócrifa, sino también irreal, dado que la superficie forestal de hace dos milenios no era tan frondosa como para poder cruzar la península saltando de árbol en árbol. Sin embargo, en el imaginario colectivo persiste la idea de que el estado “puro” de la naturaleza, el de antes de la llegada del hombre, se caracteriza por bosques cerrados, espesos y viejos. Los estudios científicos llevan tiempo advirtiéndonos de que esto no es así. Durante el Holoceno, en los últimos unos 12.000 años, los bosques cerrados apenas ocupaban el 40% del territorio mediterráneo en el momento de su máximo apogeo. Un nuevo artículo publicado este año reconstruyó la superficie forestal europea del último periodo interglacial (hace 120.000 años aproximadamente, mucho antes de la aparición de la agricultura) y demostró como la superficie ocupada por bosques cerrados oscilaba entre el 20 y el 49%, según el momento y la zona, para los ambientes templados y mediterráneos de Europa. Estos datos revelan cómo hemos infravalorado el papel de los herbívoros, del fuego y de otras perturbaciones, a la par que nos invitan a revisar cuáles deberían ser los objetivos de la restauración y conservación de la naturaleza. Si bien es cierto que en un escenario de cambio de clima no tiene sentido pretender restaurar condiciones pasadas, también lo es que no podemos ignorar los estados pasados de la naturaleza para poder gestionar mejor.

Gestión de espacios protegidos

El campo de la conservación de la naturaleza cuenta con varias décadas de estudio a sus espaldas. A pesar de ello, los estudios que evalúan la efectividad de las áreas protegidas presentan resultados mixtos. Por ejemplo, un estudio global mostró como las áreas protegidas eran efectivas para revertir parcialmente la pérdida de anfibios y de aves, mientras que no aportaban ningún beneficio para los mamíferos ni reptiles. ¿Cómo se puede predecir el éxito en la conservación? Según un análisis de bosques comunales, el mejor indicador del éxito en la conservación es el grado de implicación de la población rural local en su gestión. Estamos hablando de un papel activo como gestores del terreno, y que no se limite a meras consultas o sesiones informativas. Resultados parecidos se habían encontrado en estudios anteriores realizados en áreas protegidas donde, nuevamente, encontramos como la involucración real de la población es el mejor indicador del éxito.

Estos estudios también advierten cómo no resulta ético, ni realista, plantear la gestión de los espacios naturales sin contar con la población que habitaba o gestionaba esos lugares antes de su “protección”. Es decir, que debemos considerar a los Homo sapiens como otra especie más dentro de nuestros ecosistemas y los aspectos sociales son también una parte del entramado ecológico.

Ley de Restauración de la Naturaleza

Uno de los cambios legislativos más importantes para la gestión de la naturaleza en Europa se encuentra sin duda en la Ley de Restauración de la Naturaleza. El texto final ya ha sido acordado por el trílogo, aunque su aprobación final dependerá del parlamento y se espera para los próximos meses. Nos encontramos entre la literatura científica de este año con un estudio que ya aporta una primera valoración sobre el texto acordado. El artículo destaca, entre otros aspectos, que la ley se basa en una concepción de la protección de la naturaleza anclada en los años 80, que ignora la visión ecosistémica ya que se limita a la restauración de hábitats. Esto es, se arrinconan las llamadas para una aproximación sistémica, adaptativa e integrada para la gestión de la naturaleza, siendo la única excepción el artículo enfocado en los polinizadores. El texto destaca asimismo como la financiación necesaria para implementar esta medida legislativa no está clara, y la necesidad de alinear esta ley con las otras estrategias europeas relevantes, como la forestal o la de biodiversidad.

En este momento, el lector puede estar preguntándose si la ley recoge los aspectos antes comentados sobre la importancia ecológica de los bosques abiertos, y la de la implicación social en la gestión. Respondiendo a título individual, no parece que vaya a ser así, por lo menos por ahora.

Gestión sostenible de los bosques tropicales

Otro de los estudios que ha llamado nuestra atención muestra cómo los bosques tropicales gestionados sosteniblemente son más vibrantes y dinámicos ecológicamente que los bosques viejos no gestionados. Los árboles transforman la energía solar en comida para los herbívoros a través de la fotosíntesis. El estudio examinó cómo se distribuye esta energía a través de distintos niveles tróficos, y su efecto sobre las poblaciones de aves y mamíferos. En concreto, se documenta un consumo de recursos por herbívoros 2,5 veces mayor en los bosques gestionados que en los viejos. Esto se debe, según los autores, a que los recursos están más disponibles en los bosques gestionados, y también a que sus hojas son más digestivas. Estos resultados validan una vieja teoría ecológica (no siempre aceptada) que propone una mayor biodiversidad en los niveles intermedios de perturbación. El estudio también muestra como los flujos de energía en una plantación de aceite de palma son mucho menores, indicando una menor dinámica ecológica.

En ambientes mediterráneos está generalmente aceptado que la gestión ocurre desde antiguo, y los textos fundamentales sobre biodiversidad reivindican la importancia de la explotación. Sin embargo, el canon dicta que los bosques tropicales son intactos por definición. La ciencia actual ha desmentido ese mito y ha demostrado como el 90% de los bosques tropicales también cuentan con una larga historia de aprovechamiento. Este nuevo estudio destaca como la gestión forestal no tiene porqué degradar a los bosques tropicales. Otro asunto es si debemos hacer uso de esos recursos, o no, ya que para abordar esa cuestión deberíamos contar con las comunidades indígenas que habitan en esos montes.

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