«Obsoleta, autoritaria y freno a la innovación»: así es el borrador de la ley para el seguimiento de los bosques europeos

Torre de flujos para medir el intercambio de CO2, H2O y energía entre el bosque y la atmósfera

La Unión Europea está preparando una ley para el seguimiento de sus bosques que sienta un peligroso precedente contra la independencia de la ciencia. La nueva legislación pretende decretar qué métodos científicos son válidos, y cuáles no lo son, para medir el estado de nuestra vegetación.

En una publicación reciente en Nature Ecology & Evolution demostramos que la legislación nacerá obsoleta si el redactado actual se mantiene. Algunos de los métodos que propone están desfasados y no son los más adecuados para alcanzar los objetivos perseguidos. En consecuencia, variables clave para la seguridad de la ciudadanía, como la estimación del riesgo de incendios, podrían ser gravemente erróneas.

No se puede esperar que el legislador de Bruselas esté al corriente sobre las técnicas usadas para inventariar bosques. Pero tampoco se puede comprender que dicho legislador pretenda arrogarse una competencia que le es ajena.

Los problemas de la ley propuesta

El preámbulo de la ley identifica correctamente la carencia, a nivel europeo, de una infraestructura que permita cuantificar el crecimiento y la productividad de nuestros bosques; los impactos sobre la biodiversidad y los efectos del cambio climático; o que permita evaluar anticipadamente distintos riesgos, como el de incendios. Existen bases de datos nacionales que tratan algunos de estos temas, pero no una base continental armonizada.

Es poco probable que el sistema de seguimiento propuesto logre estos objetivos.

En lo referente al riesgo de incendios, por ejemplo, la nueva ley propone medir la humedad del combustible, esto es, de la parte de la vegetación susceptible de arder en un incendio.

La humedad de la hojarasca, o del combustible muerto fino en el argot forestal, determina la propagación inicial del incendio. Esta humedad varía continuamente con las condiciones meteorológicas. El borrador propone usar un método que se desarrolló para los bosques boreales de Canadá en 1985, y que aporte valores anuales a escalas de 8 km.

Ni las predicciones anuales de humedad de hojarasca, ni una resolución espacial de 8 km son relevantes en contextos operativos. Nuestros estudios muestran que existen métodos recientes que son más precisos para nuestras latitudes, que pueden aportar datos en tiempo casi real y con una resolución de unos pocos centenares de metros.

El texto propone también un método para estimar la humedad del combustible vivo, el de las hojas y ramillas finas. Los estudios actuales nos indican que el método propuesto muestra una relación deficiente con los datos y, de hecho, disponemos de técnicas más precisas.

La ley propuesta, si sigue adelante, no permitirá cuantificar con precisión las variaciones en el peligro de incendios debido a estos limitantes (y a otros que no incluimos por no aburrir al lector).

En el mejor de los casos, esto representaría un malgasto de dinero público. En el peor, estas dudosas estimaciones de la humedad del combustible podrían pasar a formar parte de un sistema de alertas de riesgo, con consecuencias potencialmente catastróficas.

Los problemas de no actualizar los métodos

El borrador de la ley se asienta, paradójicamente, sobre un estudio con fallos metodológicos importantes. Y es que, tal y como recoge un texto previo a la propuesta legislativa, una de sus principales motivaciones yace en un supuesto aumento desproporcionado de las cortas de árboles en la UE tras 2015. Según este estudio, publicado por investigadores del Centro de Investigación Común de la Comisión Europea, deberíamos ver a diario multitud de camiones con troncos por nuestras carreteras. Algo que, como ya sabe el lector, dista mucho de la realidad.

Estudios posteriores cuestionaron estos resultados porque en 2015 cambió el sensor empleado por esos investigadores. El nuevo tenía una resolución mucho mayor. El supuesto aumento de cortas tras 2015 se debía en realidad a que el nuevo sensor, a diferencia de su antecesor, era capaz de captar pequeñas perturbaciones como derribos por viento, defoliaciones por procesionaria y ataques de otras plagas.

Este simple ejemplo nos ilustra sobre la necesidad de usar métodos transparentes, y contrastados fuera del seno de la Comisión Europea. Los malos datos malos dan lugar a políticas peores.

Otras redes de monitorización forestal europeas

Ésta no es la primera red europea de monitorización forestal. Tras los problemas de lluvia ácida acontecidos sobre todo durante las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado, la Comisión Europea instó a los países miembro a crear una red para el seguimiento de los daños por contaminación en bosques. Este programa nacería en 1986 bajo el nombre de ICP–Forests y sigue activo en la actualidad, aunque ahora es financiada exclusivamente por los estados miembro. Más recientemente, se han desarrollado otros observatorios como ICOS sobre balances de carbono, o eLTER para experimentos de larga duración.

La propuesta de ley de seguimiento no menciona ninguna de estas redes, de lo que se deduce que, o bien el legislador las desconoce, o bien ha decidido que no se integren ni coordinen con el nuevo sistema de seguimiento. Ninguna de estas opciones resulta entendible ni aceptable.

La ley que necesitamos

En otras partes del mundo ya se han desarrollado distintas iniciativas para la monitorización de los ecosistemas terrestres a gran escala. El australiano TERN, o el estadounidense NEON son dos ejemplos de observatorios que se han diseñado de forma conjunta por cientos de científicos e ingenieros.

Proponemos que la nueva ley se limite a indicar qué parámetros son necesarios, un mínimo de resolución espacial y temporal, y la incertidumbre asociada. También debe garantizar la financiación suficiente para que la infraestructura pueda continuar a largo plazo. Además, tal y como han criticado otros investigadores, consideramos que la coordinación con los otros sistemas de seguimiento de bosques europeos resulta esencial.

Los métodos científicos están en constante revisión. Si cada mejora metodológica requiere de una aprobación parlamentaria previa, el sistema para el seguimiento de los bosques será difícil de actualizar. Es cierto que se han consultado a expertos y a científicos para la redacción del borrador, pero consultar no es lo mismo que tener en cuenta, y los criterios o las condiciones de esas consultas no están demasiado claros. En nuestra publicación proponemos que los métodos a emplear se decidan en comités ad hoc, cuyos miembros hayan sido decididos de una forma transparente, similar al modelo que ofrece el IPCC.

Una versión resumida de este artículo se ha publicado en The ConversationEl autor agradece los comentarios recibidos de Domingo Molina.

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