Laudatio al profesor Erich Bauer Manderscheid

Por Luis Gil Sánchez, Dr. Ingeniero de Montes

Estimados Sr. Director de esta Escuela, D. Luis García Esteban; Sr. Decano del Colegio de Ingeniero de Montes, D. Eduardo Tolosana Esteban; señoras y señores que, gracias a vuestra presencia, contribuís a realzar este homenaje al profesor entrañable Erich Bauer Manderscheid.

Creo oportuno señalar, sin más preámbulos, el mérito del profesor Erich Bauer: ser el pionero en el tratamiento correcto y profundo de un tema apenas desarrollado, nuestra Historia Forestal. Su libro Los montes de España en la Historia, editado por el Ministerio de Agricultura en 1980 es bien conocido por los amantes de la naturaleza. El texto, de sencilla y amena lectura, le convirtió en uno de los protagonistas de nuestro saber forestal. Con este acto se ensalza a un forestal no nativo, lo que estimo como una singularidad relevante. Su dedicación a nuestro país es objeto de orgullo para la profesión.

Es un motivo de satisfacción y agradecimiento que, estando fuera de la vida académica, el profesor Tolosana haya estimado mi participación en este evento, pues no me considero el más adecuado. Aunque admirador de su obra, y consciente de la importancia que tuvo en mi actividad profesional, no frecuenté su trato, aunque siempre fue muy afectuoso y cercano. Por ello, solicito generosidad por no llegar a la altura que merece.

Su actividad generó un cuerpo de conocimiento de gran solidez, pues sus aportaciones muestran el porqué de la situación forestal de nuestro país. Aquella recibida por la primera promoción de ingenieros de montes al finalizar sus estudios en 1852. El profesor Erich Bauer fue decisivo en su papel como promotor de un relato histórico en el que abordó la base doctrinal de nuestra historia forestal. Lamentablemente, no ha sido objeto de consolidación como una asignatura más en nuestros estudios, que sí lo es en Alemania.

La base del relato, como dijo el ecólogo Stephen Pyne (1998), se encuentra en el dominio del fuego por el hombre. Con él se «comenzó a cocinar el planeta». Más tarde el empleo de los productos del monte, calificó a un largo periodo como la “Edad de la Madera”. Época en la que nuestros antepasados aprendieron a trabajarla y asentaron las bases materiales de nuestro mundo actual. Durante milenios todo se hacía de madera y su empleo era obligado para cocinar nuestros alimentos, calentarse o para obtener el carbón utilizado en todo tipo de hornos; en particular los ligados a la obtención y fundición de los metales. La madera era básica en la construcción de barcos, tanto por su necesidad en la estructura, como por la obtención de pez extraída de los pinos para lograr la estanqueidad de los cascos de todo tipo de navío. La pérdida de los bosques se debió, primero, a su uso ganadero para la obtención de pastos, después al agrícola. La mayoría de los últimos se realizaron en suelos llanos y profundos, cubiertos por los bosques de mayor nivel de madurez. En su libro, Bauer relata la crónica del protagonismo de los montes en nuestra historia. Este largo espacio temporal es obligado para saber que extensas llanuras desarboladas y laderas deforestadas, dominaban el paisaje de la “España herida”. Las estepas eran tan extensas, y su origen estaba perdido en el recuerdo, que botánicos ilustres las llegaron a considerar como parte de la vegetación natural. La deforestación era mencionada como algo general por los ilustrados, en los siglos previos al inicio de nuestro conocimiento forestal, hace más de 175 años; periodo de historia compleja hasta llegar a consolidar a los ingenieros de montes como técnicos facultativos, crear los distritos forestales y obtener los presupuestos necesarios para ejercer su actividad.

El profesor Erich Bauer nació en el municipio de Daun en la provincia de Tréveris en Alemania, y estudió ingeniería de montes en las universidades de Friburgo y Gotinga. En la primera de ellas realizaría su doctorado, eligiendo como tema la Historia Forestal, que centró en una región situada en las proximidades del Rin, lo que, le proporcionaría, entre otras, la aptitud para descifrar documentos de la Edad Media de lectura complicada. Papel importante en su trayectoria la ejercería su director de tesis, el profesor Kurt Mantel (1905-1982), uno de los representantes más notables y conocidos de la historia forestal del pasado siglo. Sus numerosos trabajos, algunos quizás compartidos por su discípulo, enfatizaron la importancia de la disciplina en el mundo forestal. Entre 1961 y 1967, ostentó la presidencia de la Sección de Historia Forestal de IUFRO, es decir, de la Federación Internacional de Institutos de Investigación Forestal.

Erich Bauer ejerció su profesión en su Alemania natal como ingeniero jefe de montes, en dos distritos forestales y, en diferentes períodos, el primero en el de Irrel, que forma parte del Parque Natural Internacional de Alemania y Luxemburgo y, más tarde en el de Zell, ambos perteneciente a uno de los estados federados de Alemania, Renania-Palatinado. Parece oportuno ligar su condición de precursor de la historia forestal en España con el tema de su tesis y a la carencia de trabajos previos en España. Ambos aspectos apoyan su elección de la Historia Forestal. Disciplina cuyos métodos se alejan de los propios del mundo de la técnica, y requieren un buen conocimiento de contenido social relativo a nuestro país. Objetivos que considero de difícil cumplimiento para los no nativos. El que alcanzara resultados meritorios y su obra fuera reconocida se debió, tanto a su capacidad personal como a una circunstancia fortuita; que le llevó a un destino no esperado.

Su vinculación estrecha con España surge cuando, preparando su doctorado, conoció a la que sería su esposa Dña. Pilar González Laso, licenciada en Filosofía y Letras, quién estaba perfeccionado sus estudios universitarios. Esta relación influiría para que el profesor Kurt Mantel decidiera mandarle dos años a España, entre 1962 y 1964, con una beca, que tenía por objeto verificar ciertos ensayos e investigar la «Evolución histórica de los bosques españoles». Viaje que realizaría en un momento en el que, tanto el ámbito científico como el universitario del país, era poco propicio para el desarrollo de estos cometidos. Los documentos de mayor interés no habían sido objeto de tratamiento, ni estudio, y estaban dispersos en colecciones documentales en archivos y bibliotecas. Manuscritos relativos a las especies y usos que hacían los tenedores de tierras forestales de gran extensión, como la nobleza o la iglesia; o también los depositados en archivos locales, referentes a las provincias, ciudades y villas. Documentos, muchos faltos de catalogación, y conservados tal como habían sido redactados.

Para Mantel, España resultaba un país interesante por poseer una flora forestal original, incluir numerosas plantas de la vegetación africana, junto a especies y variedades endémicas. De su conocimiento descriptivo se poseía una referencia adecuada, como eran los viajes por España, realizados en el siglo XIX, por el botánico sajón Moritz Willkomm. Su importancia la muestra Erich Bauer, al incluir entre la completa bibliografía de su libro, a 17 referencias de los trabajos de Willkomm.

Conocer la singularidad de nuestra flora y vegetación forestal no debió ser tarea difícil para su formación y en los aspectos sociales, en particular, tuvo el apoyo inestimable de su esposa. Tanto un rápido acceso a los archivos y bibliotecas no forestales, como una ayuda inapreciable para la lectura de manuscritos antiguos, que le proporcionaron información forestal valiosa e incrementaron su conocimiento.

Su estancia inicial en España dejaría, sin duda, un sólido poso en Erich Bauer, que se consolidaría con la memoria redactada a su regreso. Poco después de su llegada a Alemania, en 1964, junto a su esposa, publicaría en la Revista de Estudios Agrosociales un artículo extenso sobre la historia de la propiedad forestal en España.

No creo que haya ninguna duda en que seguiría viniendo a nuestro país; aunque por vacaciones y por razón de su matrimonio. La actividad principal de Erich Bauer radicaba en su dedicación a los distritos forestales de su estado natal, ya mencionados. La gestación de la obra base de la historia forestal de España y su papel como una disciplina relevante fue larga, pues pasarían casi 20 años de su primer viaje hasta que vio la luz. El que lograra disponer de una frecuencia mayor de tiempo en España para dedicarlo a las fuentes históricas y rematarlo en un texto, requería del apoyo y la comprensión por parte de sus superiores en la administración forestal del país Renania-Palatinado. Lo debió conseguir cuando el ingeniero de montes Mariano Jaquotot; primer director del Instituto Nacional de Investigaciones Agrarias, creado en 1971, le encargó el estudio de nuestra historia forestal. Este debió ser renovado por los tres directores que le sucedieron en la presidencia del INIA, hasta completar su redacción.

Su obra Los montes de España en la Historia coronó sus muchas visitas a archivos y bibliotecas y su vinculación con el país. Agotados los 5.000 ejemplares de esta edición sería objeto de dos nuevas, la última en 2003 por la Fundación Conde del Valle de Salazar. Tal éxito, muestra el interés que suscitó en los lectores. El esfuerzo que realizó se deduce conforme enumera bibliotecas y archivos visitados, en los que rastreaba las fuentes, y obtenía, una y otra vez, pequeños retazos de la trama que compondría el cuadro final. Entre ellas, merece señalar una institución alemana “el Seminario de Historia de Iberia e Iberoamérica” situado en la universidad de Colonia. Sin olvidar, otras noticias de más fácil obtención, como las logradas en la lectura de los trabajos de autores relativos a la historia, tanto política como económica, a la geografía, botánica, agricultura, medicina y economía forestal relativos a España y a sus comarcas. De sus indagaciones señalaría que son tan ricos los fondos históricos forestales localizados en los numerosos archivos visitados que, recalca, constituyen una fuente de interesante trabajo para docenas de investigadores durante mucho tiempo.

Para terminar y mostrar la relevancia del legado del ilustre forestal, receptor de este homenaje, he de relatar que, finalizados mis estudios de ingeniero de montes en 1979, llegó a mis manos su libro. Tan sugerente título manifestaba sus valores, percibidos tanto por su índice como la extensión de su tratamiento y el nombre de los apéndices que incluía. Su lectura me mostró como opiniones erróneas, algunas de las procedentes de mi etapa previa como estudiante de Ciencias Biológicas. Entre una práctica mayoría de conocimientos de gran interés formativo; se me enseñó que los pinos eran especies exóticas, salvo en la alta montaña y, yo no lo cuestioné. Opinión que se continuó enseñando a decenas de promociones sucesivas. De ellas, se deducía que la utilización de los pinos en las repoblaciones forestales había sido una equivocación manifiesta, lo que contribuía al desprestigio de los técnicos que las realizaron.

El libro de Erich Bauer me llevó a la búsqueda de los documentos más antiguos, para saber que especies forestales eran las citadas. Destaco la visita en 1589 por los capitanes Antonio de Alzate y Jorge Setara a los montes en Acenias y Valdanera, situados en el Reino de Valencia, entre Tarragona y Castellón. Este documento lo encontró Erich Bauer, en un folio, el 281, de los contenidos en un legajo, el 246, existente en la sección Mar y Tierra del Archivo de Simancas. Su texto menciona:

 hay gran cantidad y número de árboles de pinos de tres suertes que de ordinario se llaman pinos gentiles, melosos y bordes.

[y también se lee, más adelante] en todo el dicho bosque y término no hay robles ni otro genero de arboles

Además, incluía un mapa de la época del capitán Jorge Setara con la localización de los pinares. Este y muchos otros documentos de su libro mostraron como opiniones erróneas las referentes al carácter exótico de nuestros pinos y, su libro, reforzaría mi satisfacción por los conocimientos adquiridos en esta escuela.

Muchas gracias.

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