
Por Raúl de la Mata Pombo. Universidad de Extremadura
La mejora genética forestal permite seleccionar y propagar árboles con características deseables, como mayor productividad, resistencia a plagas y enfermedades o tolerancia al cambio climático. Es una herramienta esencial para adaptar nuestros bosques a los nuevos desafíos ecológicos, sociales y productivos. Países como Suecia, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Canadá, Indonesia, Chile o Brasil entre otros, han apostado fuerte por ella. Sin embargo, en España su desarrollo ha sido muy limitado.
Impacto internacional: productividad y estructura profesional

Foto 1. Ensayo genético de Pinus ponderosa en Condon (Montana, EE.UU.) con 37 años de edad y que forma parte del programa de mejora genética de la especie gestionado por la ‘Inland Empire Tree Improvement Cooperative (IETIC)’.
En el contexto internacional, la mejora genética forestal ha generado impactos notables. Por ejemplo, en Estados Unidos y Canadá, los programas cooperativos entre universidades, administraciones federales y regionales, y empresas privadas, han logrado incrementar significativamente la productividad de sus especies forestales de interés, así como su resistencia frente a enfermedades y plagas. Estos programas se basan en redes de ensayos genéticos bien diseñadas (ver ejemplos en Fotos 1, 2, 3 y 4), cruzamientos controlados y una transferencia efectiva de materiales mejorados hacia viveros y propietarios forestales. La participación del sector privado ha sido clave para garantizar la continuidad y la aplicación práctica de los programas de selección (Foto 5).
En Chile y Brasil, el liderazgo del sector privado ha permitido desarrollar programas muy eficientes de mejora genética de especies del género Eucalyptus o Pinus radiata. Estos programas combinan ciclos de selección recurrente, evaluación rigurosa en campo, implementación de tecnologías como la propagación clonal, y una fuerte conexión con las demandas de la industria. En este modelo, la mejora genética es una herramienta estratégica integrada en toda la cadena forestal.
En el caso de Suecia (Skogforsk) y Finlandia (Luke), los programas financiados por la industria forestal y complementados con fondos públicos han consolidado redes de ensayos a largo plazo y una importante infraestructura para la producción de materiales forestales de reproducción, con financiación estable y personal técnico especializado. Todo ello apoyado por una política forestal coherente a largo plazo (Foto 6).
En todos estos países existe una estructura profesional consolidada que permite que el conocimiento genético se traduzca en materiales mejorados utilizados operativamente. Esa estructura incluye genetistas con funciones estables, personal técnico de apoyo, financiación continua y colaboración fluida entre instituciones.
Diagnóstico de la situación en España: oportunidades y carencias

Foto 2. Toma de muestras foliares en un ensayo genético de Pinus ponderosa en Condon (Montana, EE.UU.) para evaluar las relaciones entre productividad y resistencia a la sequía en las familias del programa de mejora genética gestionado por la ‘Inland Empire Tree Improvement Cooperative (IETIC)’.
España, en cambio, carece de una estructura profesional consolidada. El panorama es muy heterogéneo. Algunas comunidades autónomas han desarrollado programas incipientes, pero en muchos casos el trabajo se limita a la conservación ex situ o a la producción de planta simplemente con origen conocido (material identificado). Pocas veces se evalúa adecuadamente el comportamiento genético de los materiales forestales de reproducción o se establecen programas de selección recurrente.
A nivel institucional, hay un número muy limitado de genetistas forestales en puestos técnicos o de gestión, y muchas veces los esfuerzos dependen de personal sin formación específica o de proyectos temporales, sin continuidad garantizada. La falta de planificación a largo plazo y la escasa integración entre investigación, gestión y producción limitan el impacto real de las actuaciones.
Ejemplos recientes en España: avances y aprendizajes
A pesar de estas limitaciones, existen ejemplos prometedores. El Ministerio para la Transición Ecológica en colaboración con la empresa pública Tragsa impulsa desde hace años un programa nacional de mejora frente a la seca (decaimiento por la combinación de Phytophthora cinnamomi y las sequías recurrentes) en encina y alcornoque. Este programa, que comenzó en 2015 con la identificación de árboles candidatos en campo, ha evolucionado hacia un modelo más completo, con ensayos genéticos bajo condiciones controladas que combinan la tolerancia al patógeno y a factores abióticos (sequía y calor), la evaluación genética con modelos estadísticos avanzados y planes para la amplificación de las selecciones y producción de materiales mejorados.
En 2024, la Junta de Extremadura ha comenzado su propio programa autonómico de mejora genética forestal, partiendo del material y el conocimiento generado a nivel estatal, y con financiación europea a través de fondos FEADER. Dentro de esta iniciativa se han instalado ensayos genéticos de encina y alcornoque en campo para la evaluación de la resistencia de los materiales seleccionados en condiciones reales de uso (Foto 7). Esta coordinación interadministrativa es un modelo a seguir para escalar soluciones desde lo experimental hacia lo operativo.

Foto 3. Ensayo genético de Pinus contorta en Manning (Alberta, Canadá) que forma parte del programad de mejora genética de la especie gestionado por el ‘Alberta Co-operative Tree Improvement Program’.
Otro caso de interés es la creciente demanda del sector privado de planta mejorada de Pinus taeda como especie productora en el norte peninsular en sustitución del Pinus radiata intensamente afectado por la enfermedad de las bandas. Esta especie, ampliamente mejorada en el sureste de Estados Unidos, promete buenos crecimientos en el norte peninsular, especialmente en Galicia y la cornisa cantábrica. Sin embargo, la importación de semilla sin control genético limita el aprovechamiento de su potencial. Establecer ensayos genéticos con material de pedigree conocido y una base genética suficientemente amplia, en colaboración con universidades o centros de mejora estadounidenses, permitiría transferir parte de la ganancia genética acumulada, pero adaptándola a nuestras condiciones locales. No se trata de copiar modelos externos, sino de evaluar y seleccionar genotipos de manera estratégica para nuestros ambientes de uso, tratando de evitar problemas de maladaptación o hiper-susceptibilidad a enfermedades y plagas que desemboquen nuevamente en el fracaso de los materiales importados.
También se están desarrollando iniciativas académicas que, aunque no son siempre operativas, aportan un conocimiento relevante. Varios grupos de investigación nacionales trabajan en caracterizar la variación genética adaptativa de especies de interés, muchas veces en colaboración con redes europeas como Euforgen o Evoltree. Esta información sobre adaptación ambiental y respuesta a estreses bióticos y abióticos puede integrarse en programas de mejora si existieran estructuras que conectaran la investigación básica con la aplicación operativa.
Barreras estructurales: personal, financiación y desconexión institucional

Foto 4. Ensayo genético de Pinus contorta, Pinus banksiana y sus híbridos frente a la sequía desarrollado en 2016 en los invernaderos de la ‘Universidad de Alberta’ en Edmonton (Alberta, Canadá).
Una dificultad importante es la escasa presencia de especialistas en mejora genética tanto en la administración como en el sector privado. En muchos organismos no existen plazas específicas para genetistas forestales. Esto limita la planificación de programas a largo plazo y la capacidad de evaluar y seleccionar materiales de forma rigurosa. La falta de continuidad en los equipos técnicos también impide que se capitalice la experiencia acumulada y que los programas evolucionen de forma incremental.
Además, existe una desconexión entre las políticas de conservación genética (como las unidades de conservación genética o los bancos de germoplasma) y los objetivos de mejora productiva o adaptativa. Cuando en realidad ambas deberían integrarse en una estrategia común, ya que los programas de conservación y los de selección pueden retroalimentarse. Quizás la falta de una política forestal a largo plazo haya limitado esa integración.
Colaboración público-privada y certificación de materiales
La colaboración con el sector privado es otro aspecto a potenciar. Algunas asociaciones de propietarios forestales, viveristas e industrias de la cadena forestal han mostrado interés en apoyar programas de mejora, pero se requiere un marco más claro para canalizar esa colaboración. Esto incluye mecanismos de financiación compartida, protocolos de evaluación conjuntos y sistemas de certificación del material mejorado que garanticen su calidad genética y transparencia en la demostración de su superioridad.
Una vía posible es replicar experiencias de consorcios público-privados, como los existentes en otros países, donde los costes y beneficios se reparten según criterios técnicos y económicos. Esto requiere un entorno normativo que favorezca la innovación y la transferencia.
El camino a seguir: profesionalización y coordinación institucional

Foto 5. Evaluación fisiológica en un huerto semillero de Pinus contorta en Edson (Alberta, Canadá) perteneciente a la compañía ‘Weyerhaeuser Ltd.’ para tratar de averiguar las causas de la reducida producción de semilla.
El futuro de la mejora genética forestal en España dependerá de nuestra capacidad para profesionalizar la disciplina. Esto implica:
- Formar e incorporar especialistas en mejora genética forestal en los equipos técnicos de las administraciones públicas y entidades privadas.
- Consolidar redes de ensayos genéticos a largo plazo, representativos y bien evaluados (e.g., Genfored: red española de ensayos genéticos forestales).
- Establecer mecanismos estables de financiación, que permitan la continuidad más allá de los proyectos puntuales.
- Crear estructuras de coordinación entre investigación, gestión y producción, evitando duplicidades y favoreciendo sinergias.
- Integrar objetivos de conservación, adaptación y productividad en una estrategia común de recursos genéticos forestales.
El nuevo Plan Nacional de Mejora Genética Forestal, aprobado en Conferencia Sectorial de Medio Ambiente en julio de 2024, puede ser una buena oportunidad para avanzar en esa dirección. Este plan debe aprovechar el conocimiento acumulado en los últimos años y asumir una mirada estratégica a largo plazo, que permita articular actores, recursos y objetivos.
Conclusión
España dispone del conocimiento científico, ejemplos incipientes exitosos y una comunidad técnica comprometida. Profesionalizar la mejora genética forestal no es una opción, es una necesidad urgente para que nuestros bosques sigan siendo fuente de biodiversidad, bienestar y desarrollo rural en un contexto climático cada vez más exigente. No se trata solo de seleccionar árboles, sino de construir capacidades técnicas e institucionales que permitan gestionar el cambio de forma eficaz y sostenible.

Foto 6. Evaluación de la resistencia a la mordedura del gorgojo Hylobius abietis en un ensayo genético de Picea abies instalado en el sur de Suecia para evaluar la resistencia de materiales de generación avanzada del programa de mejora genética desarrollado por ‘Skogforst’ y la ‘Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas (SLU)’.

Foto 7. Ensayo genético plantado en la primavera de 2025 de Quercus ilex y Quercus suber en Zorita (Cáceres, Extremadura) para evaluar su resistencia a la infección por Phytophthora cinnamomi dentro de los programas de mejora genética forestal de Extremadura.
