Texto del Discurso de María Dolores Pascual Vallés en el Acto de entrega de la Distinción de Colegiada de Honor 2021 del COIM

Por María Dolores Pascual Vallés, Colegiada de Honor COIM 2021 y Presidenta de la Confederación Hidrográfica del Ebro

En mi nombre y en el de todos los homenajeados, quiero agradecer muy sinceramente al Colegio de Ingenieros estas distinciones.

Es labor de los colegios profesionales no solo la defensa del colectivo y de los intereses de los colegiados sino también, el reconocimiento de aquéllas actitudes y comportamientos de algunos de sus miembros que les hacen merecedores de una distinción especial. Con ello se busca “destacar” una diferencia positiva en el ejercicio de su profesión y en su actitud vital que constituye una referencia para los demás. Es el caso, este año, de Jorge Ascasibar, Francisco Salas, María del Pilar García, Germán Glaría y Marta Corella, así como de todos aquéllos que tienen una permanencia en el colegio de más de 50 años.

En mi caso, puedo asegurarles que me enorgullece profundamente. Y me hace especial ilusión tanto desde un punto de vista personal como profesional.

Hay en mi familia una larga tradición de ingenieros de montes que ejercieron su profesión a lo largo del siglo XX dentro de la administración forestal. Fue a mi padre a quien pude ver en el ejercicio de una profesión que amaba profundamente casi por encima de todas las cosas y reconozco que consiguió contagiarme de esa especial y diría casi mágica relación que esta profesión tiene con la lógica y la naturaleza. Me gustaría pensar que esta especial mención es también para él, Ricardo Pascual, para mi abuelo Antonio Pascual y para mi bisabuelo materno Enrique de las Cuevas.

Mi formación y mi vida profesional han ido, sin embargo, por otros caminos, aunque debo reconocer que, quizá inconscientemente, no me he ido muy lejos de lo forestal. Por eso, esta mención, me sirve de acicate también, desde un punto de vista profesional.

Aunque he dado alguna vuelta, los últimos 20 años de mi vida he prestado servicios en la Confederación Hidrográfica del Ebro de la que soy, temporalmente su Presidenta. Y en este ámbito – en el de las confederaciones- es donde la labor de gestión forestal en general y de los ingenieros de montes en particular, ha sido también enormemente relevante a través de la acción hidrológico forestal. Manuel Lorenzo Pardo, primer Director de la Confederación Hidrográfica del Ebro justificaba la integración del problema forestal en las, entonces, Confederaciones Sindicales Hidrográficas por entender que el desarrollo de la Cuenca debía incorporar necesariamente ambas visiones ya que, decía, textualmente: “Los llamados problemas hidráulicos y forestales no son sino aspectos de un mismo problema que alcanza amplitudes nacionales”.

Quiero mencionar aquí al primer ingeniero de montes encargado de los trabajos forestales en la Confederación Sindical del Ebro que desarrollaría la parte forestal del Plan de Obras Hidráulicas de 1933: Joaquín Ximénez de Embún. Esta mención es también para él.

A pesar del peso evidente que la construcción de obras hidráulicas ha tenido en las CCHH a lo largo del siglo XX, especialmente en la segunda mitad, el Ebro ha intentado siempre contar en su plantilla con ingenieros de montes. En la actualidad, la Confederación cuenta 30.000 hectáreas de monte de titularidad estatal cuya función sigue siendo la de proteger la cuenca vertiente hacia los grandes embalses de la cuenca y al frente de las cuales se halla un ingeniero de montes.

Pero, además, en los últimos años, la Confederación ha hecho un importante esfuerzo por incorporar nuevas profesiones entre sus titulados que den a la gestión del agua esa visión global y amplia de la que hablara Lorenzo Pardo. Ingenieros de caminos, por supuesto, pero también geólogos, químicos, biólogos, ingenieros agrónomos o industriales, licenciados en derecho e ingenieros de montes.

Las funciones de los ingenieros de montes en la confederación han ido paralelas a la evolución de las funciones de los organismos de cuenca y hoy su responsabilidad no se limita solo a la gestión forestal estricta, sino que el necesario equilibrio entre la protección del recurso y sus ecosistemas y la satisfacción de las demandas sociales hace que la aportación de los ingenieros de montes sea, cada vez, más necesaria y valorada. El río, visto no como un canal que transporta agua sino como un ecosistema que hay que proteger y conservar, no solo desde el punto de vista de la biodiversidad, sino desde la óptica de la ordenación del territorio y desde la necesidad de una equilibrada satisfacción de las necesidades de una sociedad con claros conflictos de intereses. En esa visión, es imprescindible la aportación de los ingenieros de montes.

La CHE cuenta hoy con 4 ingenieros superiores de montes y 1 ingeniero técnico siendo el colectivo de ingenieros más numeroso después del de caminos porque cuenta, en mi opinión, con una formación más completa que otras disciplinas y más acorde con las necesidades de un organismo de gestión hidráulica directa de 85.000 km2 en 9 comunidades autónomas. Y esa percepción parece compartida hoy por el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico que ha casi duplicado la Oferta Pública de Empleo para los ingenieros de montes con una clara apuesta por la integración en el Ministerio de esa visión forestal en el sentido amplio.

Quiero también nombrar aquí, a Pablo Munilla que me acompaña hoy por haberme propuesto para esta distinción y por su impagable contribución profesional y personal en la Confederación del Ebro que nos ha permitido integrar una visión racional de algunos aprovechamientos y pacificar conflictos enquistados quizá, por una deficiente atención por nuestra parte.

Como ven, vengo acompañada, en mis orígenes, mis recuerdos y hoy aquí, ¡de muchos ingenieros de Montes! Les agradezco nuevamente el honor, por mí personalmente y por la generosidad que supone destacar a alguien de fuera de la profesión, lo cual que dice mucho de ella.

Se lo agradezco especialmente por mis familiares forestales y todos los que, como ellos, ejercieron una profesión a veces incomprendida y sin medios y por su contribución al desarrollo de los montes en España y de las sociedades rurales en los que se enclavan.

Y lo agradezco también por los compañeros ingenieros de montes que forman parte de los organismos de cuenca, que trabajan para que la visión forestal sea una parte fundamental en la gestión hídrica en España.

Muchas gracias y mucho empeño en la defensa de un colectivo como el suyo que creo puede ser el fiel de la balanza entre las necesidades de conservación de la naturaleza y el legítimo desarrollo de los territorios.

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