Palabras de Carlos del Álamo Jiménez en el Acto de Entrega de la Magno Dedicatio 2021 del Instituto de la Ingeniería de España

Gracias al presidente y a la Junta Directiva del IIE por su generosidad en la concesión de la distinción, que hoy recibo.

Mi gratitud es muy grande y no tengo la esperanza de poder agradecer a todos, especialmente al personal de esta casa y a los presidentes y miembros de los Comités Técnicos, la ayuda que he recibido a lo largo del tiempo en el que he tenido responsabilidades en el IIE y especialmente en mi tiempo de presidente.

Dijo Ovidio, que, “el regalo tiene la categoría de quien lo hace” y si ya de por sí es alta la institución y sus miembros, engrandece aún más la distinción, la compañía de los que hoy, como yo, la reciben. Amigos y compañeros que han dedicado su tiempo, su conocimiento y su esfuerzo, a la tarea de hacer la Ingeniería más útil a la sociedad  y a divulgar su aportación a la calidad de vida y al bienestar de las personas.

El Instituto de la Ingeniería de España, desde 1905, ha agrupado a los ingenieros españoles con la finalidad de poner la ingeniería al servicio de la sociedad. Como institución centenaria ha sabido adaptarse a los tiempos y cumplir con su objetivo estatutario.

El ingeniero desarrolla lo que Ortega denomina el “don técnico” y crea a su alrededor una circunstancia nueva más favorable, adaptando la naturaleza a sus necesidades.

Como explica el mismo Ortega, “la técnica es lo contrario de la adaptación del sujeto al medio, puesto que es la adaptación del medio al sujeto”.

Hoy, en el tiempo del desarrollo sostenible, el ingeniero no solo tiene que diseñar el proyecto o el artefacto, tiene que diseñarlos de la forma más compatible con la Naturaleza para ser respetuoso con el medio ambiente y con el entorno social en el que se implanta.

La ingeniería española, los ingenieros y las empresas de ingeniería, gozan de gran prestigio en el mundo y han demostrado su capacidad de competir internacionalmente. Conviene analizar el porqué de este éxito para tratar de mantener y mejorar las condiciones de contorno que lo hicieron posible.

Como he manifestado en varias ocasiones considero clave tres cuestiones para mantener la calidad de la ingeniería española:

  • Garantizar una formación de excelencia
  • Que las administraciones públicas reconozcan el carácter intelectual de los servicios profesionales de ingeniería y entiendan que la calidad debe ser el criterio principal en su contratación
  • Que la sociedad valore y posea cultura de la ingeniería, que utiliza de forma cotidiana

En el pasado, cuando se dieron estas circunstancias, se generó ingeniería de calidad y gracias a la inercia de muchos años se ha podido mantener la competitividad de la ingeniería española en el mundo, pero atención, esto puede dejar de ser así y es necesario, como en tantas otras cuestiones, mantener el esfuerzo diario y cotidiano, alerta y atento, para que las cosas sean tan buenas como deben y pueden ser.

Como han destacado diversos teóricos de la ingeniería, subsiste el problema de su  identidad, que está muy definida en la Medicina, que se orienta a la salud o en el Derecho, cuyo fin es regular la convivencia y la justicia. La ingeniería adquiere hoy su identidad en el logro de la calidad de vida y el bienestar de las personas. Todo el mundo utiliza ingeniería y la utiliza las veinticuatro horas del día.

Nosotros, los ingenieros, hemos entendido que no podemos proyectar sólo con el conocimiento técnico de nuestra especialidad. Hoy, el proyecto necesita disciplinas diversas para su integración en el espacio físico y social y la ingeniería necesita integrar su conocimiento con las Ciencias Sociales y las Humanidades. Es la empresa de ingeniería la que consigue cumplir estos requisitos.

El diseño institucional es clave para el progreso, la fortaleza de las instituciones, incluida la empresa, ha sido crucial para situar a Occidente en la vanguardia del conocimiento y del progreso económico durante casi 200 años.

Lógicamente no todo es conocimiento técnico. Para lograr el bienestar, además de la tecnología, es muy importante la honradez, el trabajo bien hecho, la austeridad y la buena educación que se puede transmitir entre las familias generacionalmente. Estas cualidades, si son debidamente reconocidas por las instituciones, adquieren el valor suficiente para conseguir la motivación personal para el esfuerzo en el aprendizaje y en la innovación.

La importancia de las instituciones, el imperio de la ley, la seguridad jurídica y un buen ejemplo de los gobernantes, generan confianza y consiguen sociedades mejor organizadas que traerán consigo el crecimiento y el progreso.

La confianza que puede transmitir la ingeniería a la sociedad es muy superior cuando el ingeniero posee no solamente el conocimiento tecnológico, sino estos valores y virtudes que podemos definir como culturales.

Los ingenieros tenemos que ser conscientes de que, con nuestra ayuda, la humanidad puede progresar fundamentalmente en lo material, que también ayuda al progreso espiritual, pero no vamos a resolver las grandes preguntas vitales del ser humano, el sufrimiento o la felicidad el significado de nuestras vidas y todo lo que es el ánimo de la vida cotidiana que caracteriza y distingue al ser humano del resto de la Naturaleza.

Wittgenstein que fue ingeniero y filósofo, dijo que, “sentía que, aun cuando todas las posibles cuestiones de la ciencia hayan recibido respuesta, nuestros problemas vitales todavía no se habrán rozado en lo más mínimo”.

Hay quien piensa que el continuo desarrollo de la tecnología desde la Revolución Industrial ha sometido al ser humano a un sufrimiento enorme y a un deterioro desconocido del medio ambiente, pero sin duda el progreso tecnológico nos ha dado más libertad y aunque la tecnología tenga riesgos, se corren muchos más sin ella.

La tecnología nos da más libertad y posibilidades de comunicación entre las personas, disponer de más tiempo para las relaciones sociales y familiares y resolver un problema económico de primer orden como hemos podido comprobar durante la pandemia del COVID19.

La tecnología no hace sino manipular la Naturaleza con el fin de que el que el ser humano consiga unos beneficios materiales y ha sido así siempre desde la aparición del Homo sapiens, que ha tenido de forma permanente una voluntad, derivada de la necesidad, de emplear la técnica o la tecnología para mejorar sus condiciones de vida. La historia del hombre se denomina con el nombre de la tecnología empleada en cada momento: piedra, bronce, hierro, carbón, petróleo, electricidad, nuclear, digital, son adjetivos que se ponen a los tiempos. Pero siendo esto cierto, la ciencia y la tecnología nunca podrán dar una visión completa del ser humano con sus instintos y deseos, virtudes y valores, mente y espíritu.

La complejidad del ser humano es que siendo racional se mueve también por sentimientos irracionales y no son unos más raros o infrecuentes que los otros.

¿Estamos al final del culto a la ciencia y a la tecnología que surgió en la Ilustración?

La ciencia y la tecnología no son entes responsables de forma intrínseca. Se les acusa genéricamente a ambas de ser responsables de daños y barbaries cometidos contra la humanidad, pero ellas no deciden, solamente posibilitan unas herramientas de avance y un progreso, que, mal utilizadas, pueden efectivamente causar graves daños, pero la decisión no es suya. La racionalidad y la civilización son las características que el ser humano tiene que emplear para decir hacer las cosas bien.

Los ingenieros no somos mesías tecnológicos. Pretendemos el progreso de las personas y la conservación del medio ambiente y lograr en la práctica el concepto amplio de sostenibilidad que el ya fallecido premio Nobel de Física, Murray Gell-Man consideraba además de la conservación del medio ambiente, la lucha contra la pobreza y la desigualdad, la mejora de la alimentación, la salud, la educación o la paz en el Planeta.

Vivimos tiempos de incertidumbre, unas veces provocada por la Naturaleza, otras por decisiones políticas equivocadas por pregoneros del vacío, que como de nuevo decía Ortega, “exentos de toda noción técnica sobre el menjurje que a voz en grito encarecen, convierten siempre en huero tópico lo que acaso merecía ser una bien nutrida realidad”. El asunto de la transición energética es un buen ejemplo de ausencia de rigor técnico en las decisiones.

Termino de nuevo con una frase de Giovani Sartori cuando decía “que estamos viviendo por encima de nuestro entendimiento y refiriéndose a los sistemas políticos continuaba: “cuanto más nos adentramos en la reelaboración de los sistemas políticos, más me invade la sospecha de que somos aprendices de brujo. Para hacer ingeniería social necesitamos ingenieros, pero nosotros no los tenemos en este campo”. Nosotros sí los tenemos en el nuestro, aprovechémoslo.

Muchas gracias por su atención.

Madrid, 30 de noviembre de 2021

 

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