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Por Carmen Rodríguez Fernández-Blanco, Governance Unit, European Forest Institute, Barcelona, España
No es muy difícil justificar la necesidad de prestarle atención a los incendios forestales. Las estadísticas hablan por sí solas: Chile, Canadá, EEUU, Bolivia, Portugal, Grecia…. Y las imágenes que aparecen en medios de comunicación y redes sociales, se encargan del resto. Lo más habitual en el mundo occidental, es que los esfuerzos de las autoridades públicas se centren en conseguir el riesgo cero: Buscar el menor número de igniciones posibles, y que cuando estas ocurran, apagarlas cuanto antes.
Damos por hecho que los incendios forestales “son un problema”. Sin embargo, pocas veces nos paramos a pensar qué tipo de problema. Y sin embargo, hacernos esta pregunta es fundamental, porque si no, no estaremos siendo conscientes del “marco” en el que nos movemos. Una investigación recientemente publicada por investigadoras del Instituto Forestal Europeo (EFI) y la universidad católica de Lovaina (KU Leuven) explora esta pregunta, y pone de relieve lo determinante que es la respuesta para buscar soluciones efectivas. ¿Cómo es posible que en países propensos a incendios, como los de la Europa Mediterránea, donde existe una larga historia de enfrentarse a incendios forestales, el problema siga sin resolverse? ¿Qué estamos haciendo mal? ¿Es posible que estemos enfocando mal el problema?
El artículo parte de la idea de que tal vez, si mirásemos a los incendios forestales desde una perspectiva diferente, podríamos darnos cuenta de que hay una serie de factores a los que estamos prestando poca atención, pero que en realidad son muy relevantes para la configuración de los regímenes actuales de incendios forestales y, en consecuencia, para la resiliencia de nuestros territorios.
El marco que le damos al problema determina el tipo de soluciones
El marco que le damos a un problema determinado, como el de los incendios forestales, está directamente relacionado en la manera en la que lo percibimos. Y por tanto, con el tipo de soluciones que le daremos. Es más, la propia definición de si algo es un problema o no, es también es una construcción social. (Es decir, que los incendios no son un problema per se. Lo son, porque la sociedad los considera un problema y algo no deseable). El estudio no cuestiona este hecho. Y asume, como punto de partida que los incendios forestales son un problema en el Mediterráneo europeo. Lo que sí que cuestionamos es si estamos entendiendo bien qué tipo de problema es. Y por tanto, si estamos moviéndonos en el marco adecuado para resolverlo, y llegar a un escenario en el que el riesgo de incendio sea algo aceptable por la sociedad.
Por ejemplo, cuando nos movemos en un marco en el que entendemos a los incendios forestales como una perturbación ecológica, entender el papel y la evolución del fuego en los ecosistemas es clave, y los objetivos de las políticas y la gestión se orientan hacia la restauración de algún tipo de equilibrio natural. Alternativamente, si los incendios forestales se consideran un problema de protección civil, entender el comportamiento del fuego se vuelve prioritario, ya que es esencial para mejorar la preparación y facilitar las acciones de extinción durante la fase de emergencia. En el mundo real, estos dos enfoques coexisten. Sin embargo, el enfoque de protección civil tiende a dominar sobre el ecológico (en términos de prioridades políticas, por ejemplo, o presupuesto asignado). En nuestra investigación, sugerimos un marco alternativo: Los incendios forestales como problema territorial. Y exploramos las implicaciones de adoptar dicho marco. ¿Qué pasaría si lo adoptásemos de una manera más generalizada? Sabemos que, al menos en áreas con alto riesgo de incendios como España, los territorios han evolucionado de la mano del fuego durante milenios. Por lo tanto, es posible decir que nuestros territorios son el resultado de múltiples interacciones muy complejas (sociales, políticas, económicas, culturales y ecológicas), que han dado lugar a regímenes de incendios forestales concretos a lo largo del tiempo y el espacio, pero también se han visto afectadas por estos mismos regímenes de incendios, en una relación bidireccional (Ver Fig1).

Fig1- Representación gráfica de un territorio propenso a incendios forestales. Fuente: Rodríguez Fernández-Blanco et al., 2024
Al observar los incendios forestales desde este punto de vista, aparecen de manera clara la importancia de las dinámicas económicas y de poder que determinan, por ejemplo, el uso del suelo, o la importancia de la producción y consumo de productos agroalimentarios en el mantenimiento (o abandono) de los espacios agrícolas en las zonas rurales y, por tanto, del riesgo de incendio. Todos estos temas, sin embargo, aún no tienen la suficiente relevancia en los foros especializados de incendios forestales.
Implicaciones para el proceso de construcción de resiliencia
El artículo expande estos principios teóricos en un caso de estudio concreto, para tratar de comprender mejor las implicaciones de todo esto para aumentar la resiliencia de nuestros territorios. Para ello, toma el caso de Valencia, como ejemplo paradigmático de un territorio mediterráneo en el sur de Europa, con una intensa presión turística en sus zonas costeras, que contrasta con el abandono de tierras en las zonas rurales de interior, y una elevada exposición al riesgo de incendios forestales.

Fig2: Tierras de cultivo abandonadas en la comarca de La Serranía (Valencia, España).Créditos: Carmen Rodríguez*
El artículo encuentra una distinción significativa entre los imaginarios colectivos a lo largo del gradiente urbano-rural. En los entornos rurales, los entrevistados se refieren a los incendios forestales como parte de un problema más amplio, que es el abandono rural. De hecho, el estudio muestra testimonios que describen a los incendios forestales como un resultado directo del abandono institucional que sufren. En este sentido, es fundamental recordar que el imperativo de construcción de resiliencia se justifica como medio necesario de garantizar el bienestar social del conjunto de la sociedad. Por tanto, la brecha rural-urbana es un reto fundamental dentro del objetivo más amplio de construir unos territorios resilientes al fenómeno de los incendios forestales.
Otro punto que destaca el artículo es la importancia de abordar un problema tan complejo como los incendios forestales desde una perspectiva colectiva. Tomando como ejemplo el ámbito de las políticas públicas, es particularmente difícil hacerlo cuando la administración pública está tan compartimentada y especializada (lo que en la jerga científica se denomina “rigidity trap”). La consecuencia de este fenómeno es que las oportunidades y espacios para la innovación se reducen drásticamente, lo que tiene un impacto negativo en ese proceso de construcción de resiliencia. También escaso tejido social que encontramos en las zonas rurales valencianas también se identifica como un obstáculo para la resiliencia, ya que dificulta la creación y el fortalecimiento de redes de confianza y ayuda mutua, que son vitales para crear sinergias duraderas y a través de diferentes tipos de organizaciones y ámbitos. En último término, la investigación destaca la importancia de prestar mucha más atención a las ramificaciones sociopolíticas y territoriales del fenómeno de los incendios, si es que el objetivo es el de lograr una coexistencia con los incendios forestales sostenible para el conjunto de la sociedad.
Referencia completa: Rodríguez Fernández-Blanco, C., Muys, B., Winkel, G., & Parra, C. (2024). Revisiting wildfire resilience from a territorial perspective: insights from Mediterranean Spain. Journal of Environmental Planning and Management, 1-30. https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/09640568.2024.2342333
