La Ingeniería de Montes, una profesión de valientes

Por Isabel Catalina Cuesta Cano, Premio Juan Ruíz de la Torre 2024 de la Fundación Capital Natural-COIM (*)

Una buena gestión y defensa del Medio Natural proporciona beneficios en todas sus vertientes (ecológicas, económicas, sociales y culturales…), imprescindibles para el ser humano. Entenderlo de otra forma es atentar contra nosotros mismos, es caminar hacia la extinción paulatina no solo de las especies más vulnerables sino de la vida en general. Esto es un hecho constatado a lo largo de la historia y en todas las civilizaciones, y más aún hoy en un mundo tan globalizado, donde una sequía en el Amazonas afecta al otro lado del planeta, como un verdadero efecto mariposa.

El desarrollo de la tecnología ha contribuido a que la enseñanza y el aprendizaje de las diferentes materias haya cambiado enormemente (en unas más que en otras). Actualmente, por ejemplo, conocer la evolución de un incendio en tiempo real se torna indispensable para atajarlo con la mayor brevedad posible.

Enseñar y comprender las disciplinas necesarias para llevarlo a cabo requiere una gran responsabilidad y mucho conocimiento del tema. Pero no solo esto, además es imperioso también un verdadero compromiso, un “saber hacer” y emoción; elementos fundamentales tanto en los profesionales de este sector, como de los docentes que se dedican a ello.

En estos estudios de Ingeniería de Montes, como en tantos otros, hay luces y sombras y si la mayor parte de los docentes ha sabido encajar perfectamente en su enseñanza estos saberes y cambios, actualizándose en metodología, didáctica y transmisión de conocimientos, algunos otros, bien acomodados en sus zonas de confort de tiempos pasados, siguen dejando sus apuntes color sepia en las fotocopiadoras. Eso sí, bien alejados de cualquier incendio de sexta generación.

He de decir que, para mí, los estudios relacionados con la Naturaleza siguen siendo de los más interesantes que podemos tener, tanto en la Universidad: desde la Ingeniería Forestal y de Montes, hasta en Secundaria o la Formación Profesional, con los ciclos de grado Básico, Medio y Superior. Sin embargo no podemos olvidar que al igual que la Medicina, la Docencia en mayúsculas, debería ser un acto reflejo de un mundo vocacional y esto tendría que ser extensible tanto para los que enseñan como para los que aprenden y los que no lo entiendan así, deberían dedicarse a otros temas, para no frustrar vocaciones, para poder extinguir fuegos y así poder avanzar en el conocimiento. Y aquellos que no lo entiendan de esta forma, deberían reflexionar y darle una “vuelta”.

(*) por el trabajo “Resiliencia del crecimiento de árboles a eventos de sequía en una zona verde urbana: una aplicación de dendrocronología”, presentado en la Escuela Técnica Superior de Ingenierías Agrarias de la Universidad de Valladolid. Director: Jaime Madrigal González; y tutora académica: Milagros Casado Sanz.

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