Texto del Discurso de Eduardo Rojas en la Celebración del Día Internacional de los Bosques 2022

Eduardo Rojas, Decano COIM y Coordinador Juntos por los Bosques

Constituye un especial honor poder reunirnos hoy en esta Iglesia, incuestionable hito en el paisaje, de Orihuela del Tremedal para celebrar el Día Internacional de los Bosques 2022 compartido con la vecina Orea. En esta celebración coinciden varias singularidades: la primera como consecuencia del COVID y a pocos días de la celebración originalmente prevista para marzo de 2020 y dada la imposibilidad de celebrarse tuvimos que posponerla a 2022 para asegurar una importante asistencia tal y como está siendo. La otra singularidad es que se esté celebrando entre dos localidades situadas en el límite de dos antiguos reinos (Aragón y Castilla) actualmente dos Comunidades Autónomas.

S.M. El Rey no ha podido asistir en esta ocasión a nuestra ya quinta celebración del DIB, pero me ha pedido que os traslade a todos su saludo más cordial y deseos de una exitosa celebración. El mundo en el que diseñamos esta celebración a finales de 2019 es sin duda otro respecto del que vivimos hoy. Primero el COVID, luego el volcán de La Palma y en las pasadas semanas la invasión de Ucrania, ordenada por Vladimir Putin, y la consiguiente crisis energética y geopolítica comporta, han cambiado radicalmente nuestro entorno y las respuestas requeridas que obviamente afectan al uso del territorio preeminente en nuestro país: el forestal (55%). En primer lugar, debemos recordar a los que nos dejaron – unos 100.000 compatriotas – como consecuencia de una terrible pandemia para la que no estábamos preparados. Sin singularizar a ninguno, quisiera recordar a Rafael Ceballos fuertemente involucrado en los preparativos de esta celebración y que personalmente asistió a la presentación del DIB a principios de marzo de 2020 en la oficina de Turismo de Castilla-La Mancha.

Durante la intensa irrupción del volcán observamos la proverbial capacidad del pino canario para superar considerables capas de cenizas volcánicas y renacer de las mismas, así como la destreza de muchos compañeros ingenieros forestales y de montes que dirigieron las operaciones comenzando por Miguel Ángel Morcuende.

La dramática situación que estamos viendo en Ucrania ha comportado un despertar colectivo en todo el territorio de la Unión Europea sobre nuestro destino compartido tanto en lo que respecta a la excepcional respuesta solidaria, especialmente de Polonia, como al amplio consenso en reforzar la política de defensa y exterior de la UE y de los redescubiertos vitales lazos transatlánticos. Frente a una preeminencia de los intereses económicos en las pasadas décadas, se ha recuperado la conciencia sobre la centralidad de los valores compartidos como guía de la política exterior. Las instituciones comunitarias deben ahora estar a la altura del excepcional caudal de legitimación que disponen y no pueden decepcionar a los 450 millones de ciudadanos de la UE.

Los enormes costes de las 3 crisis citadas deben servirnos al menos para extraer conclusiones para el futuro, destacando la necesidad de reforzar la resiliencia de nuestra sociedad y de su base económica, dimensión que no se captura en la estadística económica convencional como tampoco el valor del capital natural o los servicios ambientales que este presta. Y debemos recordar lo mucho que pueden aportar los bosques a reforzar la resiliencia de nuestra sociedad a través de la reducción de riesgos naturales, la provisión de agua de alta calidad, la regulación hídrica, la prevención de erosión, el constituir un refugio de biodiversidad, provisión de biomateriales y bioenergía, de empleo estable y territorialmente diversificado, entre sus muchas contribuciones.

El lema de 2022 del DIB es “consumo y producción sostenibles”. La principal fuente de biomateriales y bioenergía renovables y carbono-neutrales son los bosques, cuya gestión está altamente monitorizada tanto a escala de país como global, y en una parte significativa, sometida voluntariamente a solventes procesos de certificación de su origen sostenible.

Nuestros bosques si exceptuamos algunas zonas más productivas, especialmente en el noroeste, se encuentran en un manifiesto abandono que tiene una larga serie de causas que con frecuencia acaban retroalimentándose (minifundio, despoblación, falta de rentabilidad, falta de recursos públicos, excesivo intervencionismo, etc.). Aprovechamos apenas el 40% del crecimiento anual cuando lo sostenible a largo plazo sería el 70-80%. Paralelamente y con una generosidad admirable, los mejores especialistas en extinción de incendios nos están reclamando (Gran Canaria 2019, Sierra Bermeja 2021) que no les demos más medios, sino que gestionemos el territorio, porque no hay medios posibles para las cargas y continuidades que actualmente albergan muchos de nuestros montes y que no paran de crecer. Abordar los síntomas nunca contribuye a resolver el problema subyacente.

Por otro lado, y pese a tratarse de un problema que arrancó hace más de 50 años no ha sido hasta hace bien pocos que el debate de la despoblación ha arraigado en la conciencia social y, como demuestra la reciente manifestación en Madrid, ha llegado para quedarse. Venimos recordando que los bosques se sitúan en un altísimo grado precisamente en los Hinterlands más desfavorecidos y, por tanto, más afectados por este reto como evidencia la zona en la que nos encontramos. Por ello, no podemos pretender abordar el reto forestal y el reto demográfico separadamente, sino que ambos están inseparablemente imbricados.

La cadena de valor forestal aprovechando sus diferentes productos de toda índole, además de suministrar biomateriales estratégicos en la lucha contra el cambio climático por partida cuádruple (aumento de stocks en bosque, en edificios, substitución y reducción del riesgo y severidad de incendios), sostiene puestos de trabajo dispersos en el territorio, claves para retener la población. Por ello debemos revisar aquellas estrategias que refuercen por activa o por pasiva el abandono que cada vez más actores identifican como la causa principal de muchos de nuestros problemas, sean incendios o despoblación, apostando por la gestión activa generadora de empleo estable y de calidad en las zonas forestales. Será así como conseguiremos la mejor aportación a largo plazo en términos de carbono o de rendimiento hídrico, pero también de paisaje o biodiversidad al ser aquellas especies en peor situación las vinculadas con los usos extensivos tradicionales que estamos perdiendo a marchas forzadas.

Apostar por las zonas rurales profundas como diría Santiago Marraco (montañas) requiere no solo de perspectivas económicas sino de autonomía y dignidad, para lo que una estructura empresarial diversificada resulta clave por las oportunidades que abre. Siendo esto necesario, la solución no puede basarse solo en banda ancha, los empleos públicos o el sector turístico. La gestión local que se viene reconociendo a escala internacional como la forma más eficaz y digna a largo plazo de preservación de los recursos naturales, está basada en el empoderamiento y capacitación de sus actores.

Por ello nos preocupan las inercias domésticas no abordadas, pero también de forma creciente la deriva reciente de la política europea respecto a los bosques, carente de una previa y amplia discusión con todas las partes interesadas. Dudamos de la base científica y empírica de muchas de las propuestas incluidas, pues no tienen en cuenta los retos y prioridades identificados en múltiples procesos internacionales. El creciente desapego en el mundo rural profundo europeo, respecto a las iniciativas ambientales de la Comisión Europea, no constituye una base sólida para el futuro. Algo falla cuando se pretenden con todo tipo de pretextos poner trabas a la gestión forestal que es precisamente:

1) la actividad humana más sostenible de todas

2) la principal fuente de sus bioproductos, y

3) se olvidan los impactos de los materiales alternativos altamente emisores de CO2 y causantes de problemas como los microplásticos.

Nuestros hijos reciben tanto en el colegio como en las pantallas un bombardeo que sin discriminar ejemplifica la corta de un árbol como un ejemplo obvio de daño ambiental rechazable, y sin embargo, la mayoría de las imágenes de cortas proceden de cortas sostenibles y no de deforestación. Una operación y una herida por arma blanca se parecen mucho, pero a todos nos han educado para saber discriminar una intervención de una herida premeditada.

Todos aspiramos a unos bosques capitalizados, valiosos, respetados y altamente resilientes a los riesgos externos. Pretender buscar en los objetivos el problema es un grave error que solo pretende polarizar y dividir. El problema radica en los diferentes caminos para alcanzar los objetivos y la gente del mundo forestal debe ser escuchada y considerada al perfilar las prioridades e implementarlas.

Permítanme acabar agradeciendo a Es-Montañas por proponer este entrañable marco, a todas las entidades organizadoras (los Ayuntamientos de Orea y Orihuela del Tremedal, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, los Gobiernos de Aragón y Castilla La Mancha, las Diputaciones de Guadalajara y Teruel y los promotores de Juntos por los Bosques)por vuestro desinteresado compromiso, contribución con tiempo, personal y recursos a esta celebración y especialmente a nuestra moderadora y ponente, así como a todos los que habéis contribuido al sugestivo elenco de actos desde el jueves hasta mañana domingo que han dado vida e inspirado esta celebración tan singular. También quisiera agradecer a los músicos de Llíria por enmarcarlo, a los carreteros por su infatigable peregrinación compartiendo urbi et orbi el mensaje forestal hasta en el Palacio de la Moncloa y al párroco de Orihuela por acogernos en esta singular iglesia.

El jueves 24 de marzo solicité al plenario de Juntos por los Bosques el relevo como su Coordinador. Ha sido un honor haber contribuido a consolidar una plataforma conjunta e inclusiva de todo el sector forestal español durante los pasados 6 años. La responsabilidad que he que he asumido recientemente como Presidente de PEFC-Internacional hace recomendable pasar el testigo y nadie mejor preparada para ello que Inés González Doncel, , bien conocida por todos vosotros (Profesora de la Universidad Politécnica de Madrid y Vicedecana del Colegio oficial de Ingenieros de Montes, entre otros cargos).

Solo tengo palabras de agradecimiento a todos los que habéis contribuido tan desinteresadamente a este proyecto desde las entidades del sector forestal, los sucesivos Ministerios competentes en bosques (MAGRAMA, MAPA, MITECORD), sus Ministro/as y altos cargos, las CCAA anfitrionas del DIB (Castilla y León, Euskadi, Galicia, Murcia, Castilla La Mancha y Aragón), los parlamentarios de las diferentes formaciones políticos representadas en las Cortes Generales, los medios y todo tipo de personas, empresas y entidades que se han interesado por nuestras actividades. Permítanme que recuerde al personal del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes, y especialmente a Laura, que ha venido sosteniendo la desbordante carga de trabajo de Juntos por los Bosques.

El apoyo y aliento del Rey Felipe VI ha constituido en todo momento una fuente de inspiración para este proyecto que en nombre de todos vosotros agradezco.

Muchas gracias.

Acerca de Eduardo Rojas Briales

Decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes
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