A vueltas con el eucalipto y su carácter invasor

De acuerdo con el Real Decreto 630/2013, de 2 de agosto, por el que se regula el Catálogo español de especies exóticas invasoras, se definen:

Especie exótica o alóctona: se refiere a especies y subespecies, incluyendo sus partes, gametos, semillas, huevos o propágulos que pudieran sobrevivir o reproducirse, introducidos fuera de su área de distribución natural y de su área potencial de dispersión, que no hubiera podido ocupar sin la introducción directa o indirecta, o sin el cuidado del hombre.

Especie exótica invasora: especie exótica que se introduce o establece en un ecosistema o hábitat natural o seminatural, y que es un agente de cambio y amenaza para la diversidad biológica nativa, ya sea por su comportamiento invasor, o por el riesgo de contaminación genética.

Especie exótica con potencial invasor: especie exótica que podría convertirse en invasora en España, y en especial aquella que ha demostrado ese carácter en otros países o regiones de condiciones ecológicas semejantes a las de España.

La reciente controversia respecto al carácter invasor, por no decir la demonización, de Eucalyptus nitens, aunque se otorga a todas las especies del género presentes en España, merece algunas reflexiones, en particular las relacionadas con su ecología pues nada se ha dicho al respecto cuando es ésta la que puede dar réplica a las muchas afirmaciones vertidas y divulgadas por la prensa.

Porque la ecología de su fructificación, dispersión y nascencia es la que aporta argumentos que informan sobre la dificultad que posee esta especie, y el género, para naturalizarse.

El aspecto más relevante es el tamaño de sus semillas y su capacidad dispersiva, por ser ambas concluyentes en su capacidad de propagación y establecimiento y, por tanto, de la mayor o menor presencia de lo que serán los futuros árboles.

De acuerdo con la información que proporciona Intersemillas SA, se dispone de datos sobre el número medio de semillas por gramo lo que a su vez proporciona estimaciones de su peso (Cuadro 1):

Cuadro 1

Especie Nº semillas /gramo
Eucalyptus globulus 300
Eucalyptus camaldulensis 1000
Eucalyptus nitens 1450

Consultadas otras casas comerciales dedicadas a la venta de E. nitens, las cifras varían pues  para Sheffield’s Seed Co. Inc un gramo contiene 505 semillas mientras que para la empresa Vilmorin el número oscila entre 1100 y 2000 semillas por gramo.

Comparando cifras con otras especies (Cuadro 2) se aprecia mejor el reducido peso de las semillas de eucalipto:

Cuadro 2

   
Especie Peso medio semilla (gramos) Fuente
Eucalyptus globulus 0,00333 Intersemillas SA
Eucalyptus camaldulensis 0,001 Intersemillas SA
Eucalyptus nitens 0,00069 Intersemillas SA
Pinus pinaster 0,0478 Pemán et al., 2012
Quercus robur 3,4 Pemán et al., 2013

En definitiva, las semillas de Pinus pinaster, pesan 25 veces más que las de E. nitens y las bellotas de Quercus robur, 1.717 veces. Los pequeños pesos de las semillas de eucalipto implican un contenido en reservas muy reducido por lo que la germinación de sus propágulos y el establecimiento de las plántulas de E. nitens solo es posible en suelos con ausencia total de competencia vegetal y su capa mineral al descubierto. Es decir que la naturalización de la especie solo prosperaría en un terreno desnudo, con el horizonte mineral en superficie y a plena luz. Bajo cualquier tipo de cubierta vegetal, nativa o no (herbazal, matorral, bosque), la plántula podrá fotosintetizar y por lo tanto, de acuerdo con la bibliografía científica (Krughman & Whitesell, 1974, Bell & Williams, 1997), se puede deducir que la especie carece de capacidad para naturalizarse. Y sin esta capacidad es difícil imputarle carácter invasor; todo lo más, se le puede achacar el ser una especie colonizadora de espacios vacíos.

Abundando en ello, Romero Buján, en 2007, tras estudiar la Flora de Galicia sitúa la aparición de la especie en 1992,  momento en el que se establecieron tres parcelas de ensayo, cultivadas en el CIF de Lourizán y plantadas por la empresa pública ENCE en Lalín (Pontevedra), Xermade (Lugo) y Antas de Ulla (Lugo), sin embargo, pese a describir la presencia de 328 especies exóticas, entre las que caracteriza a 80 de invasoras, pero no recoge entre ellas a E. nitens y tampoco la considera potencialmente peligrosa. Más antigua es la cita que, en igual sentido, proporciona Burger, un ingeniero holandés de la Sociedad Forestal Villarejo, quien narra que en 1930 se inició un ensayo que incluía 177 especies en Almonte (Huelva), siendo Eucalyptus nitens plantada en 1933. La especie, localizada en un suelo arenoso y de poca profundidad, tuvo vigor y buen crecimiento hasta 1944, pues en 1945 no quedaba ninguno de sus ejemplares (Burger, 1949). Si a ello se añade la menor capacidad de E. nitens en brotar de cepa en comparación con otros eucaliptos (CABI, 2005), parece que sus características no encajan en la categoría de especie ni invasora, ni potencialmente invasora.

Y hay más evidencias. España es un país, como el resto de países europeos, profundamente transformado por siglos de actividades ganaderas, agraria, minera… que deforestaron gran parte del país. Y desde luego así sucedió en Galicia (Manuel y Gil, 2001), Asturias (Manuel et al., 2003), Cantabria (Ezquerra y Gil, 2004) o País Vasco (Michel y Gil, 2013). Ello conllevó la reducción de los horizontes edáficos, con frecuencia hasta el afloramiento de la roca madre. El registro fotográfico desde finales del siglo XIX, e incluso óleos más antiguos, son buena prueba de ello. En tales condiciones es difícil que prosperen muchas especies nativas, de mayor nivel evolutivo pero mucho más exigentes en las condiciones edáficas.

Abundando en el tema hemos consultado la “Web of Science” (plataforma accesible a través de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, FECYT, con más de 12.000 publicaciones científicas). Y lo cierto es que no hemos encontrado  ningún registro de trabajos científicos relativos a eucaliptos en los cuales se demuestre que es una especie invasora. Ninguno. Pero la bibliografía científica permite algunas consideraciones relevantes para el tema.

Un reciente trabajo realizado en Portugal (Fernandes et al., 2016), caracteriza los patrones espaciales de regeneración de Pinus pinaster (especie nativa) y Eucalyptus globulus (especie exótica) y determina los factores que influyen en el regenerado, Los autores sugieren que el establecimiento de E. globulus a partir de los cultivos de la especie no demuestra un comportamiento invasor. Por el contrario, concluyen que el bosque natural formado por pequeños rodales de Quercus robur, Q. pyrenaica y Q. faginea y el matorral del tipo garriga son muy resistentes al establecimiento de E. globulus.

Otro trabajo, ilustrativo sobre la precaución con que se deben calificar los procesos ecológicos, analiza los efectos de los cambios del bosque en la descomposición de la hojarasca, lo que se evalúa en los arroyos en que drenan los cultivos forestales (Ferreira et al., 2016). El trabajo analiza los trabajos publicados desde enero de 1970 hasta septiembre de 2015 escritos en inglés, francés, portugués y español. En estos 45 años se estudian 156 casos de los que 92 tienen a los eucaliptos como especie cultivada, y 46 a localidades españolas. Los resultados muestran que el reemplazo de los bosques nativos por eucaliptos supone una inhibición del 22% de la descomposición de la hojarasca. Pero esta reducción solo se produce cuando los organismos detritívoros son abundantes. Por otra parte, en las plantaciones de haya (Fagus sylvatica) la inhibición es del 26% lo que muestra que su hojarasca es aún menos “apetecible” para los organismos detrítivoros y descomponedores. En definitiva, y aunque sorprenda, Eucalyptus globulus genera una hojarasca de mala calidad pero la producida por las hayas (Fagus sylvatica) resulta ser peor.

Debe señalarse también, porque rara vez se hace cuando se habla de eucaliptos, que el trabajo de Ferreira et al. (2016) se desarrolló en cultivos de eucaliptos que no habían reemplazado a ninguna formación natural.

Interesantes son también los estudios realizados por Catry et al. (2015). Sus comentarios ayudan a precisar la realidad del conocimiento científico que se dispone sobre E. globulus en un país que, cómo Portugal, tiene una larga trayectoria y extensión de cultivos de eucalipto. Así, los autores en ¡2015! afirman que es poco lo que se sabe sobre la distribución o los factores que influyen en su naturalización. Para conocerlos, utilizan como método de análisis su presencia en 3.111 transectos de 100 metros de longitud cada uno, separados entre ellos por un kilómetro. El estudio se efectuó en carreteras con cultivos de eucalipto adyacentes. El resultado de los transectos estudiados arroja presencia de naturalización en un 60% de los casos pero a distancias no superiores a los 10-15 metros de las plantaciones.

Los márgenes de las carreteras reúnen todas las características adecuadas para que las semillas de eucaliptos se establezcan: proximidad de fuente de propágulos, espacios vacíos por la conveniencia de carreteras con ausencia de vegetación en su margen y luminosidad para que las plántulas fotosinteticen, además de muchos años para lograr este resultado. Predominan los transectos con presencia de eucalipto naturalizado pero las preguntas que nos hacemos son ¿qué pasa en el 40% restante de transectos? Y ¿qué pasa más allá de los 15 metros?

Otro de los estudios consultados pertenece a Doña María Calviño-Cancela, una de las expertas miembro Comité Científico de Flora y Fauna Silvestres del entonces Ministerio de Agricultura Alimentación y Medio Ambiente, Comité que emitió un informe el 28 de febrero de 2012 en el que propuso “no permitir la plantación de E. nitens en nuestro territorio, así como controlar y erradicar las naturalizaciones observadas por considerarla especie exótica naturalizada muy peligrosa por su carácter invasor y por su potencial capacidad para transformar el medio y bloquear el ecosistema”.

Calviño-Cancela y Rubido-Bará (2013) estudian la distancia a la que dispersan las semillas procedentes de cultivos de E. globulus y analizan su germinación y supervivencia en tres tipos de formaciones: bosque nativo, plantaciones de pino y matorral. Sus resultados concluyen que E. globulus presenta una baja emergencia; 0,9% en el bosque nativo, 3,3% en matorrales y 2,2% en pinares. Además, a los 6 meses, la supervivencia de E. globulus es del 3,7% en el bosque nativo, frente al 17,5 % en matorrales y 19,9% en pinares. Sin más que multiplicar ambas cifras se concluye que, a los 6 meses, la supervivencia en el bosque nativo es del 0,033%. Además, las autoras también constatan que, a la distancia de 15 metros de la plantación, su establecimiento se reduce cerca del 95%. Ambas cifras permiten concluir que las probabilidades de que semillas de eucalipto prosperan en bosques naturales a más de 15 metros de distancia son prácticamente nulas.  Y en ningún momento las autoras utilizan el término naturalización para referirse al eucalipto.

Como organismo vivo que es, el eucalipto está provisto de un parte aérea con hojas que, aunque perennes, desprende todos los años, lo que redunda en la generación de un horizonte superficial orgánico. Su sistema radical profundiza someramente en el perfil edáfico, contribuye a su aireación y aporta anualmente una abundante biomasa radical de raicillas finas en la época de sequía. En definitiva, el eucalipto, como el resto de las plantas, contribuye a mejorar el suelo.

Sin embargo, se ha afirmado hasta la saciedad el enorme potencial del eucalipto de transformar y bloquear ecosistemas, si bien ha sido en revistas de divulgación o periódicos locales. En la medida de nuestro conocimiento, no hemos encontrado trabajos científicos que señalen los efectos negativos del eucalipto en sus lugares de cultivo, pese al impacto científico –y mediático– que tendría su demostración.

Dado el interés selvícola y económico de la especie y su pronta demonización por el movimiento ecologista, existen trabajos relativamente antiguos realizados por forestales. Tal es el caso de González Esparcia et al. (1985), quienes estudiaron la extracción de nutrientes del suelo de E. globulus. Sus resultados mostraron que captura del suelo 4,8 Kg/ha/año de nitrógeno, 1,3 Kg/ha/año de fósforo, y 6 Kg/ha/año de potasio, cantidades que son sensiblemente inferiores a las de otros cultivos forestales o agronómicos. Además, estos componentes se encuentran básicamente en las hojas que son, a su vez, la parte que no se extrae del monte. Y al quedar en el suelo se van incorporando al perfil edáfico contribuyendo a su mejora, incrementada con la aireación y el aporte del despojo de la raíces primarias que mueren anualmente.

Jiménez et al (2007), en un cultivo de E. globulus realizado con 15 eucaliptos en el monte del Sino (Lourizán) bajo suelo de textura franca arenosa y poco profundo (50 cm), de siete años de edad y una densidad de 1.200 pies/ha, observaron alturas medias de 7,8 metros. El estudio mostró que por cada kilogramo de agua transpirada se producen 3,27 g de materia aérea seca, lo que supone un consumo de 306 litros por kg. de materia seca. Estos valores son similares a los de Pinus pinaster e inferiores a la cantidad de agua invertida por los robles para producir un kg. de materia seca.

Gras et al. (1993) estudiaron los efectos de dos tipos de arbolado en la intercepción del agua de lluvia. Como método se eligió el de los balances hídricos en cuencas experimentales que estableció el Centro de Investigación Forestal de Lourizán en la provincia de Pontevedra. En los Ayuntamientos de Poyo y Combarro y en el de Arcos de la Condesa, se evaluaron plantaciones, en los dos primeros de eucalipto y en el último de pino gallego (Cuadro 3).

Cuadro 3

  Eucalyptus globulus Pinus pinaster
Superficie parcelas (ha) 9,9 6,74
Edad arbolado 15 33
Densidad (pies/ha) 1.300 318 a 341
Área basimétrica (m2/ha) 18 a 35 18,5 a 31,4

Se evaluaron el porcentaje de intercepción del agua de lluvia por el arbolado, el porcentaje de percolación directa a través de las copas y el porcentaje de escurrimiento cortical. El eucalipto intercepta un 6,5% de la precipitación, un 10% menos que las copas de los pinos y ambas cantidades sensiblemente menores a la que interceptan los robles. También observaron que el eucalipto funciona como captador de nieblas, incrementando un 15,4% la precipitación vertical, frente al 11,3% del pino. La morfología de la copa y las hojas del eucalipto –masa foliar reducida y ramas y hojas colgantes– facilitan que intercepte solo un 15% de la pluviometría, de la que percola al suelo el 78% del agua que discurre por ramas y hojas, que se incrementa con un 7% de escurrimiento cortical.

También otros campos profesionales diferentes al forestal coinciden en las valoraciones respecto al eucalipto. La doctora Rosa Calvo de Anta, catedrática de Edafología y Química Agrícola en la Universidad de Santiago de Compostela, es autora del libro El eucalipto en Galicia. Sus relaciones con el medio natural, publicado por la Universidad de Santiago de Compostela en un lejano 1992. El texto constituye una fuente precisa de información que la autora ha ido incrementando con publicaciones científicas más recientes relativas a sus efectos sobre el suelo.

Tal es el caso de la entrevista que le hizo un medio de la prensa gallega, publicada el 6 de noviembre de 2017, bajo el título: Incendios en GaliciaEl eucalipto: ¿cómplice de los pirómanos o cabeza de turco? En donde se pueden leer sus opiniones. Reconoce que “el eucalipto y el pino resultan tocados en esta lotería” de los incendios pero que no es imputable a ellos su ocurrencia y propagación, o no solo a ellos. Apunta que los incendios forestales se dan bajo una suma de factores: periodos con déficit de precipitación, terrenos con baja retención de humedad o con matorral denso y seco. Y continúa “Lo que hacen el pino o el eucalipto” es “adaptarse a estos medios”. “No se queman en otras situaciones: cuando no hay déficit de humedad o donde se elimina el matorral-combustible“. La profesora considera que si para algunos el eucalipto en Galicia es “un problema“ y para los más benévolos “un mal menor”, se debe aceptar que otros piensen que es una “oportunidad”, aunque mal agradecida.

Más recientemente, el 8 de abril de 2018 en otro periódico local el Dr. Francisco Díaz-Fierros Viqueira, Catedrático emérito de Edafología de la Universidad de Santiago de Compostela y miembro de la Real Academia Galega considera que “Incluir a Eucalyptus globulus en la lista de especies exóticas invasoras, como lo exige el Concejo de Teo, no es un ejercicio teórico sin consecuencias […] Por esta razón, la medida del Ministerio de Agricultura que dice que sí donde antes dijo que no, aunque tardía y precipitada, es clara, enérgica y acertada”. También se manifiesta en igual sentido que la profesora Calvo de Anta en relación con el carácter incendiario  de los eucaliptos y aconseja: “Por eso señores alcaldes, que no les quite tanto el sueño la erradicación del eucalipto en las fajas de protección como eliminar su matorral que, recuerden, tendrán que repetir cada 6 u 8 años”.

A todas estas consideraciones se puede añadir la del tiempo que lleva el eucalito en la Cornisa Cantábrica.  Dejando al margen la mención que se hace de la especie en la célebre obra de Leopoldo Alas, Clarín, “La regenta” publicada entre 1884 y 1885, son famosos los eucaliptos del “Souto de A Retorta” en Chavín (Vivero, Lugo), que, aunque apenas abarcan 3 ha, alcanzan los 80 metros de altura. Los seis árboles más antiguos fueron plantados entre los años 1884 y 1886 por un empresario catalán afincado en Chavín con el objeto de evitar la erosión de las márgenes del río Landro, drenar los terrenos encharcados y proteger un canal de agua para su transporte a una instalación fabril. Dados los buenos resultados obtenidos se  plantaran otros 50 eucaliptos 10 años más tarde y 544 árboles más en 1912. Más de 130 años después siguen los eucaliptos y gracias a su presencia la zona ha sido declarada espacio protegido, con la categoría de Reserva Natural. Entre otros motivos por su espectacularidad y belleza, y por la riqueza de especies del bosque autóctono que se ha instalado bajo los centenarios eucaliptos. A quien se pregunte si ha sido declarado espacio Red Natura 2000, la respuesta es no, no lo ha sido puesto que el eucalipto no es una especie de “interés comunitario”, objetivo de la Directiva Hábitats, aunque gran parte de las especies instaladas bajo su cubierta sí lo son.

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Luis Alfonso Gil Sánchez

Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid (1976), ingeniero de Montes por la Universidad Politécnica de Madrid (1979) y doctor por esta Universidad (1983). Profesor Titular de Universidad (1986), Catedrático de Universidad (2002) y Director del Departamento de Silvopascicultura (2004-2012) de la Universidad Politécnica de Madrid

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