Reflexiones sobre el papel trasformador de nuestros bosques

Albert Einstein, decía que no podemos resolver nuestros problemas actuales con el mismo modo de pensar y usando el mismo marco mental que teníamos cuando los creamos.

Esto resulta especialmente cierto en la actualidad.

Estamos en un momento de la historia en el que la ciencia ha demostrado que nuestro mundo se ha hecho demasiado grande para nuestro planeta. Hemos llegado por tanto a un punto de inflexión histórico y aun así, intentamos buscar soluciones a nuestros problemas globales desde el mismo marco mental y desde el mismo paradigma económico que los creó. Un paradigma económico que, durante más de cien años, ha estado basado en el uso masivo de recursos fósiles como fuente de energía y materiales. Un paradigma que ha generado un crecimiento económico sin precedentes, pero que ha generado también daños ambientales de escala global como el cambio climático y la degradación de nuestra biosfera.

Por tanto, llegados a este punto de inflexión y como decía Einstein, necesitamos un nuevo marco mental como base de un nuevo paradigma económico para un futuro sostenible. Un nuevo paradigma donde nuestra economía prospere dentro de los limites renovables de nuestro planeta. Un paradigma basado tanto en energías como en materiales renovables. En base a ello, y teniendo en cuenta que sólo podemos producir materiales renovables en base a recursos biológicos renovables, la bioeconomía deberá ser necesariamente uno de los motores del desarrollo sostenible.

Pero habrá quien se pregunte, ¿Por qué la Bioeconomía?

Porque, mientras la transición hacia las energías renovables ya ha comenzado y en las próximas décadas será posible una industria energética baja en carbono, no podremos afrontar los grandes problemas ambientales de nuestro tiempo si seguimos utilizando de forma masiva materiales derivados del petróleo como los plásticos, o no renovables como el hormigón, o el acero.

Sólo existe una alternativa al uso masivo de materiales fósiles, y esta es el uso inteligente, eficiente y sostenible de recursos biológicos renovables a través de una bioeconomía circular sostenible.

Pero además, si se tiene en consideración el contexto de cambio climático actual, hemos de asegurarnos de que nuestros recursos biológicos sean resilientes al mismo. Por lo tanto, invertir en biodiversidad y adaptación es una prioridad para una bioeconomía sostenible a largo plazo.

Desde este punto de vista, la bioeconomía es mucho más que la suma de sectores bio y es mucho más que reemplazar materiales fósiles por materiales de origen biológicos. Al fin y al cabo, la bioeconomía, nos ofrece una oportunidad para repensar nuestra economía. Una economía que especialmente en las últimas décadas ha sobrevalorado la importancia del capital financiero, ha infravalorado la importancia del capital humano de manera y no ha valorado de ninguna manera el capital natural. La bioeconomia nos ofrece una oportunidad paradigmática para reconocer, valorar y transformar nuestro capital natural en principal fuente de prosperidad. Una prosperidad que debe estar basada en una relación de simbiosis entre economía y ecología, entre bioeconomía y biodiversidad.

En este contexto, nuestros bosques, la gestión forestal y las soluciones forestales ofrecen un gran potencial y han de jugar un papel clave!

¿Por qué?

En primer lugar, nuestros bosques son la principal infraestructura biológica de nuestro planeta. Siendo el mayor sumidero de carbono terrestre y la principal fuente terrestre de oxígeno, agua y biodiversidad, nuestros bosques juegan un papel clave para asegurar la resiliencia de nuestro capital natural a escala local y global.

Además, nuestros bosques juegan otro papel fundamental directamente ligado con la bioeconomia: son la principal fuente global de recursos biológicos renovables que no compiten directamente con la agricultura. Se trata de recursos que, con las tecnologías emergentes, pueden ser transformados en bioproductos innovadores con capacidad de reemplazar a la gran mayoría de productos fósiles no renovables en sectores como el de la construcción, textil, plásticos, etc. Sectores como el textil o el de los plásticos para los que se esperan incrementos en la demanda de sus productos del 300-400% para el año 2050. O el de la construcción que aún tiene pendiente desarrollar el 50% de las infraestructuras urbanas necesarias hasta el 2050.

Por tanto, si queremos afrontar nuestros graves problemas ambientales, dichos aumentos casi exponenciales en la demanda necesitaran soluciones renovables de base biológica y modelos de negocio circulares y sostenibles. Justamente esto es lo que la bioeconomía forestal puede proporcionar para transformar sectores industriales que han estado basados en recursos fósiles y modelos de negocio lineales.

Ahora bien, este papel transformador de la bioeconomía forestal también nos tiene que hacer reflexionar sobre el papel crucial que debe jugar la gestión forestal en las próximas décadas, no sólo para asegurar una producción sostenible de recursos forestales, sino también para asegurar la resiliencia de nuestros bosques al cambio climático. Por lo tanto, necesitamos políticas forestales que reconozcan este papel transformador de nuestros ecosistemas forestales y que proporcionen incentivos para una gestión sostenible a largo plazo que garantice su resiliencia y sostenibilidad, integrando de manera sinérgica cuestiones como la biodiversidad y la bioeconomía. Al mismo tiempo, una política forestal ambiciosa y coherente debe atraer las inversiones necesarias para desbloquear el potencial del sector forestal para generar empleo y prosperidad en nuestras zonas rurales, contribuyendo a una nueva bioeconomía circular que reemplace la actual economía fósil lineal. La política forestal, por si sola no hará posible el cambio de paradigma económico que necesitamos pero sin una política forestal a la altura de los retos a los que nos enfrentamos el cambio de paradigma no será posible.

El economista Brian Arthur suele decir que “La humanidad pone su más profunda esperanza en la tecnología, pero su más profunda confianza en la Naturaleza”

La ciencia forestal es punto de encuentro de ambas: tecnología y naturaleza… Confiemos en ella para hacer realidad nuestra esperanza por un futuro más sostenible.

Marc Palahí

Director del EFI (European Forest Institute)

Medalla de Honor en Actividad Internacinal 2018  del COIM

 

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