David G. Jara: “Las plantas son más complejas que los animales, aunque no tengan sistema nervioso”

David G. Jara

A través de las páginas de “El reino olvidado”, su autor, David G. Jara, doctor el bioquímica, nos descubre el complejo universo vegetal, “porque las plantas aunque no sea cierto que se emocionen con la música clásica, ni sientan dolor, ni empatía y en muchos aspectos poco tengan que ver con las experiencias y los sentimientos humanos, son un grupo de seres extraordinarios que observan y se comunican, capaces de recordar acontecimientos, engañar, defenderse de sus depredadores, adaptarse a las condiciones ambientales más extremas, asociarse con todo tipo de organismos, cazar animales y aprovecharse, como el más avezado gorrón, de sus congéneres”.

David Jara se dedica a la docencia desde hace más de veinte años. Y no es de extrañar, que hablando de esta forma tan apasionada del mundo de las plantas haya logrado contagiar su entusiasmo a sus alumnos, que viven esta asignatura como una historia que les atrapa.

David G. Jara es doctor y licenciado en Bioquímica por la Universidad Rey Juan Carlos I de Madrid y la Universidad de Salamanca respectivamente. Estudió las licenciaturas de Ciencias Químicas en la Universidad de Almería y Ciencias Ambientales en la UNED. Científico multidisciplinar y docente de formación, en la actualidad compagina su afición por la divulgación científica con la docencia como Profesor Titular en la especialidad de Biología y Geología en el CEO Mirador de la Sierra en Villacastín (Segovia).

Llegó a la docencia “por casualidad”, explica. “Tenía una beca para la Carlos III en farmacología pero me llamaron de un centro concertado a través de un amigo, y me animé. Y al final me encantó. Y ahora me atrae más la docencia que la investigación. Llevo ya casi veinte años dando clases”.

Tendrás muchas anécdotas…

Sí, y las he utilizado como hilo conductor de mis libros. Todo lo que aparece en ellos son historias que he contado a mis alumnos. Es una forma diferente de seguir el programa. Si les hablas a los chavales de nombres en latín se pierden un poco. Por eso utilizo contenidos que les motiven, empiezo con cosas curiosas sobre botánica. Acaban aprendiendo lo mismo pero por un camino diferente y se les queda mejor.

Tu último libro se titula “El reino ignorado” ¿Por qué este título?

Hay una crítica doble en el libro a la ignorancia respecto al reino vegetal. Por una parte, a todos los urbanitas, entre los que me incluyo, que estamos rodeados de plantas y pensamos que son organismos inertes que solo están ahí sólo para adorno, ignorando su complejidad. Y luego la otra parte de la crítica va, en el otro extremo, para las personas que atribuyen a las plantas características humanas, que no tienen, como empatía o inteligencia.

Esta idea de las plantas como seres inteligentes está bastante extendida, entre quienes piensan que las plantas tienen características humanas está Stefano Mancuso, de la Universidad de Florencia, que habla de neurobiología vegetal, algo que sus colegas botánicos le critican.

No es solo Mancuso hay toda una rama de la botánica que habla de la neurobotánica, es un error. Pero las plantas son tan increíbles que no hace falta asimilarlas a los animales, son más complejas, aunque no tengan sistema nervioso. Y para afirmar esto, que puede chocar, me baso en artículos científicos, no es mi opinión, es lo que la ciencia ha mostrado. Sin embargo, Mancuso sostiene una idea “más comercial”, que ayuda a vender libros. Un ejemplo de la complejidad de las plantas, son las micoheterotróficas [que no hacen fotosíntesis], que quitan los nutrientes a los hongos para sobrevivir, cuando lo habitual es que los hongos recojan los nutrientes de las plantas. En ocasiones se habla de solidaridad entre las plantas, robo… Se deja la puerta abierta a interpretaciones antropocentrista que no soy partidario de utilizar. Se trata solo de competencia y selección natural

Sin embargo, dices que son seres extraordinarios con más complejidad que los animales. Esa afirmación cuesta un poco creerla…

Cuesta bastante creerla, pero no hay más que pensar en algo objetivo: las plantas se alimentan de luz. Y eso es extraordinario. Nosotros en el ojo tenemos 4 tipos de fotorreceptores (conos y bastones), pero Arabidopsis thaliana, una planta muy utilizada en los laboratorios de botánica, tiene 13 fotorreceptores diferentes. Obviamente no los utilizan para crear imágenes, como los animales, pero sí pueden percibir colores, distinguirlos, localizar la intensidad. Es decir, que son seres complejos, aunque de forma diferente a los animales.

Dices en tu libro que las plantas pueden recordar, explícanos un poco más …

Sí, las plantas recuerdan, tienen memoria a corto y largo plazo. Por ejemplo, la memoria a corto plazo de la venus atrapamoscas la Dionaea muscipula, que obtiene los nutrientes de los insectos. Sus hojas tienen pelos sensitivos y solo cierra las hojas cuando toca de forma consecutiva, separado por 20 segundos como mucho, dos de sus pelos. Si se cierra cuando el insecto solo ha tocado un pelo se le puede escapar. La planta es capa de recordar durante 20 segundos, memoria a corto plazo, que el insecto ya había tocado otro pelillo y que este que toca ahora es el segundo. Cuando pasan más de esos 20 segundos, lo olvida. Esta memoria a corto plazo se basa en niveles de calcio.

¿Y cómo consiguen tener memoria a largo plazo y para qué la utilizan?

Lo utilizan para florecer, es un proceso que se denomina vernalización. Hay plantas que solo florecen cuando ha pasado el inverno, viven en climas en los que la primavera y el verano es muy cortos. Y si se retrasan en la floración llega de nuevo el frío sin que hayan tenido frutos. Por eso tienen que reconocer el momento exacto del fin el invierno. Y para eso, tiene una proteína represora que evita la floración, y cuando va pasando el inverno llegan a un umbral máximo. Y así sabe que ha pasado el inverno. Lo recuerdan hasta que aparecen las condiciones climáticas son óptimas para la floración. Y una vez que ha florecido, la planta se olvida del inverno anterior, porque sus genes productores de la proteína represora se activan de nuevo, para permitir a la planta reconocer el siguiente invierno.

No me extraña que tus alumnos estén tan motivados, así como lo cuentas la botánica es apasionante.  Lo cuentas entusiasmado, a pesar de llevar casi 20 años dando clase. Hay docentes que se queman enseguida, pero no parece ser tu caso…

Es cierto, hay un estereotipo del profesor quemado. Pero no es mi caso. Cada clase que doy y cada excursión que hago con mis alumnos, las vivo. Y ellos también lo viven, he logrado hacerles partícipes de su propia enseñanza y transmitirles mi entusiasmo.

¿Alguno de tus alumnos ha estudiado biología por tus clases?

Pues sí. Hace poco estaba en la Amazonía y a pesar de la poca cobertura me llego un mensaje de un antiguo alumno mío, que quería entrevistarme para una revista de psicología, y ahora es doctor en psicología. Otros son doctores en biología, o química.

Y para acabar, háblanos de los vegetales que dices en tu libro que “tienen mucha jeta”

El primer libro que escribí, y que me premiaron, estaba dedicado a los parásitos. Cuando pensamos en parasitismo en los animales, y como mucho del reino vegetal en el muérdago. Pero hay casos muy llamativos entre las plantas. Por ejemplo, la Rafflesia, una flor gigantesca de la isla de Borneo, o la cuscuta, que “cazan” otras plantas, porque no tienen raíces ni hacen la fotosíntesis.  La cuscuta aparece en los campos en todas partes. Nace como todas las plantas de una semilla, con raíz y tallo. Pero enseguida se engancha a una planta y ella pudre la raíz y se desconecta del suelo. No tiene clorofila, no es verde y se alimenta de todas las demás plantas que parasita. Hay un estudio muy curioso que dice que la cuscuta es capaz de ver distinguir qué planta es más verde de las que tiene cerca. Y puede distinguirlo porque tiene fotorreceptores para percibir todos los colores.

Acerca de Pilar Quijada Garaballú

Gabinete de Prensa COIM
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