José Anastasio Fernández Yuste: “La Gestión forestal tiene que tirar de la España rural que tenemos tan abandonada”

José Anastasio Fernández Yuste es el candidato del mes de abril a los premios Zerosión, un galardón que nació en 2014, organizados por BPS Group, para reconocer la labor educativa y divulgativa, la adopción de medidas de control de la erosión del suelo, de restauración paisajística, cuidado y conservación del entorno natural por parte de personas, asociaciones, instituciones, medios de comunicación o entidades, cuyo esfuerzo esté orientado de forma destacada al mantenimiento de los suelos vivos y su biodiversidad.

Fernández Yuste aboga por dar al monte y a las zonas rurales a él ligadas el pago que merecen por los servicios ambientales que presta. El primer paso, visibilizar esos servicios, que pasan desapercibidos a la mayoría. Y es que, con una visión infantil, podríamos pensar que el agua sale de los embalses, igual que los niños creen que la leche sale del tetrabrik. Pero la realidad es otra, el agua que llega a los embalses procedente de los montes, si hay una adecuada gestión forestal, está en buenas condiciones y ahorra mucho dinero en infraestructuras, asegura. Por eso opina que es de justicia que ese servicio le sea devuelto al monte y a la población rural que allí vive. Y no como un subsidio, sino como una remuneración que en justicia pertenece al ámbito rural.

La estimación de caudales en cuencas no aforadas, el régimen ambiental de caudales y la alteración de ecosistemas fluviales son algunas de sus líneas de investigación. Actualmente trabaja en un proyecto de restauración del río Manzanares, “desde la presa de El Pardo hasta el arroyo de Trofa. Es un proyecto que nació desde la Dirección General del Agua, financiado por el programa PIMA Adapta, del MAPAMA, para la adaptación al cambio climático en España”.

¿Cuál es el estado de conservación del Manzanares en este tramo?

Este tramo está calificado como masa de agua muy modificada, porque más del 60 por ciento de la longitud de ese tramo, dejó de ser río para convertirse en el remanso de dos azudes.

¿Nos sobran embalses, como sostienen algunos grupos ecologistas?

Esas afirmaciones tan periodísticas y generales son fáciles de rebatir porque se alejan de una explicación científica. En primer lugar, habría que preguntar qué se entiende por sobrar. Es verdad que algunos embalses no cumplen su función adecuadamente o las circunstancias han cambiado y su función no es necesaria, y por tanto, no tienen sentido mantenerlos. De hecho, hay una dinámica muy importante, y a mi juicio muy acertada, de demoler embalses que no cumplen sus funciones. Recientemente en la cuenca del Duero, en Yeltes, se ha demolido uno muy importante.

Sobre esto no hay consenso. Hay quien piensa que, en un país como el nuestro, con periodos de sequía largos, podrían ser de utilidad en el futuro…

Habría que analizar cada caso concreto. Cuando se estudia la adecuación de un embalse, hay que ver los servicios que presta, los costes de mantenimiento, de explotación y ambientales. Y cuando el balance de ese conjunto de elementos es negativo hay que replantearse qué hacemos con ese embalse. Y hay que hacerlo de acuerdo con la situación actual o con los balances de cambio climático formulados para nuestro territorio, como publicó el Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas (CEDEX). Esas afirmaciones hay que hacerlas desde el rigor, porque no hacerlo así nos puede llevar a cometer errores sentidos.

Hemos mencionado el cambio climático, ¿cómo nos afectará?

Lo razonable es esperar un descenso de las precipitaciones, con rangos de variación que dependerán de las zonas; un incremento de los fenómenos extremos, tanto precipitaciones extremas y avenidas como sequía, y en general una aridificación del clima.

¿Se pueden tomar algún tipo de medidas para suavizar esas previsiones?

La Instrucción de Planificación Hidrológica contempla que los planes de gestión de cuenca deben hacer la planificación de los recursos hídricos teniendo en cuenta los escenarios de cambio climático. Evidentemente, en esa planificación entran embalses, precipitaciones, escorrentía, cambios de uso del suelo, etcétera.

Somos el tercer país en superficie forestal, ¿cómo nos protege eso de la erosión?

Hemos mejorado mucho en cubierta vegetal y eso es una protección. El cambio climático puede hacer cambiar la composición forestal, en composición y en estructura. Pero hay que decir que con la erosión hay que ser sensatos desde el punto de vista ambiental. Los procesos erosivos naturales no son malos. Todas nuestras llanuras y vegas son material erosionado producto de un proceso radical y absolutamente imparable a escala geológica. Donde sí hay que actuar es cuando el hombre acelera estos procesos. Y en este sentido, la cubierta forestal juega un papel fundamental.

¿Debería evolucionar la hidrología en nuestro país?

Tradicionalmente las actuaciones hidrológicas han ido en la línea del control de procesos erosivos. Pero el bosque, desde una mirada hidrológica, afecta a la cantidad de agua, cómo entra en el sistema, favorece la infiltración, aumenta los tiempos de concentración. En definitiva, una gestión adecuada de las áreas forestales puede conseguir además de controlar procesos erosivos, incrementar la escorrentía superficial y por tanto el agua disponible que llega a nuestros embalses. Además, el bosque ayuda a mejorar la calidad de esas aguas y reducir los riesgos de inundación, porque produce una laminación natural. En Europa la Estrategia de Infraestructuras Verdes, recoge la importancia de las masas forestales. También la Directiva Marco de Inundaciones potencia las medidas naturales de retención de agua. En definitiva, en un país como el nuestro en el que el agua es crucial, debemos aprovechar la oportunidad que nos da la gestión forestal para lograr más cantidad de agua. Esto es algo fundamental que deberíamos estar desarrollando. En la Politécnica de Valencia se hacen trabajos muy interesantes en esta línea, para ver cómo optimizando las densidades de las cubiertas vegetales, reduciéndolas respecto a los criterios que se vienen empleando, se consigue mantener la protección del suelo y el aumento de la cantidad y calidad de agua y aumentar la cantidad, manteniendo la regulación de los tiempos de circulación del agua.

Estos servicios que nos proporciona el monte pasan desapercibidos a la sociedad…

Tradicionalmente estos efectos se veían como externalidades, eran beneficios que se exigían al monte pero no se remuneraban, pero la tendencia es que estos servicios hidrológicos deberían ser incorporados en el ciclo económico del agua, para que quienes nos beneficiamos de ellos, seamos conscientes de que debemos pagarlos para que además de mantenerse sean cada vez mejores.

¿Qué papel juega el monte en el ciclo económico del agua?

Es muy frecuente al hablar del ciclo económico del agua considerado solo a partir de la presa, desde donde se conduce a la estación de potabilización, de ahí a los domicilios y las aguas residuales a la estación depuradora, de donde parte va al rio y otra se utiliza. Todos tenemos claro que por cada una de esas etapas hay que pagar, por las conducciones desde la presa, la distribución a los domicilios, el alcantarillado, los sistemas de depuración. En este ciclo vemos parece que el agua empieza su ciclo en el embalse. Pero tenemos que preguntarnos de dónde viene ese agua y qué cualidades tiene. Porque si viene con una calidad buena, con régimen adecuado, sin grandes picos que hagan que sea difícil de almacenar, sin sedimentos, eso hay que pagarlo. Porque la otra alternativa, en caso de que el agua no tuviera esas cualidades, porque en el monte no existiera una gestión adecuada, habría menos agua, con picos de crecida más largos, peor calidad, y supondría un gasto en hacer las infraestructuras adecuadas para corregirlo: presas más grandes, porque habría avenidas más grandes, más dinero en depurar, porque la calidad no sería la adecuada, llegarían más sedimentos y habría que dragar las infraestructuras y mantenerlas con más frecuencia. Sin embargo, todo esto que proporcionan las masas forestales no está remunerado ni optimizado. Por eso la gestión forestal de estas masas debe entrar en este circuito del agua y cuando esa gestión forestal proporcione más agua, de más calidad y más regulada, hay que remunerarlo en correspondencia.

¿Esto ayudaría a frenar la despoblación rural?

Esas masas forestales suelen estar en las zonas más despobladas, y que esa gestión reciba la compensación por el servicio que presta tiene que ver con la justicia social. Que estas zonas desarrollen unas tareas de mantenimiento adecuada llevará actividad económica a esas zonas para que no sufran ese despoblamiento que vemos ahora y que convierten algunas de las cuencas de abastastecimiento de nuestros embalses en auténticos desiertos humanos. Es un valor añadido que tenemos que enarbolar, porque lo forestal tiene que tirar la España rural que tenemos tan abandonada. Y no en forma de subsidio, sino como pago por unos servicios cuantificables adecuadamente prestados. Si con la gestión forestal voy a poder dar más agua y de mejor calidad, sin procesos erosivos, con adecuada regulación del ciclo y lo puedo hacer y acreditar, entonces tengo que recibir una compensación. Igual que a nadie le sorprende que te cobren por depurar o potabilizar el agua, tampoco tiene que sorprender que nos cobren por esto. Un ejemplo, en esa línea, aunque de índole agropecuaria pero con la misma filosofía de la ciudad de Nueva York. Plantearon cambios de uso del suelo, pero el Ayuntamiento hizo números y vio que un incremento de la carga ganadera les suponía un coste en depuración mayor. Pero si se cumplían los requisitos de no incrementar la carga ganadera y respetar aguas sin cultivo, vieron que la ciudad se ahorraba mucho dinero. Y a los agricultores que firmaban ese contrato y lo acreditaban se les pagaba.

¿Bioeconomía?

En el fondo es sacar al a luz una realidad: los servicios hidrológicos de los montes son fundamentales, especialmente en un país como el nuestro en el que el agua es un elemento crucial, los servicios hidrológicos son fundamentales y tenemos la obligación de optimizarlos, y para eso hay que gestionar, y esto requiere inversiones que no son a fondo perdido sino vinculadas a indicadores de cumplimiento de objetivos y de esa manera todos salimos ganando, tanto el medio rural como el natural, porque se mantiene la calidad de ecosistemas acuáticos, los ayuntamientos, los ciudadanos. Es una idea emergente.

¿Podríamos decir, entonces, que los servicios hidrológicos son un valor en alza? Deberían serlo. Un país como España no se puede permitir el lujo de vivir sin optimizar los servicios hidrológicos que proporciona el monte.

Acerca de Pilar Quijada Garaballú

Gabinete de Prensa COIM
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