Katia Hueso: “Me quedo con la visión escandinava de respeto a la naturaleza: La trato bien y tomo lo que necesito de ella”

Nacida en Madrid, Katia Hueso creció a las afueras de la capital, en Majadahonda, cuando “este lugar era muy aburrido, pero afortunadamente tenía campo”.  Sus raíces holandesas la llevaron al país de los tulipanes en su etapa universitaria. “Estudié biología, una carrera vocacional. Ir a Holanda es una de las mejores decisiones que he podido tomar en la vida, porque la carrera allí es muy práctica, y eso me permitió dar el salto a otros países, como Escandinavia, Estados Unidos o Camerún”. De vuelta a España, eligió la sierra de Guadarrama para vivir, un lugar al que tiene querencia desde la infancia, “de pequeña venía mucho aquí a hacer senderismo con mis padres”, explica desde Collado Mediano. El contacto continuo con el medio natural la ha llevado a cimentar en la naturaleza su forma de vida. “Me dedico a dar clase en una Escuela de Ingeniería, sobre temas de medio ambiente, desarrollo sostenible y energías renovables. Aparte trabajo como consultora en temas de protección de paisaje y de espacios naturales y rurales”.

Somos naturaleza. Ed. Plataforma

También escribe libros, una de sus aficiones. El último,  “Somos Naturaleza, un viaje a nuestra esencia”, una invitación a retomar el contacto con la naturaleza, una llamada a reconocerla, respetarla y a vivirla en un sentido más profundo. “A recuperar la devoción por lo lejano y lo salvaje, por la vida al aire libre”.

Todas las ideas que expresa en el libro son, en su opinión, una herramienta indispensable para la educación de los niños.  Algo que ha llevado a la práctica con la creación de una escuela de educación infantil al aire libre, el Grupo de Juego en la Naturaleza Saltamontes, que abrió sus puertas en 2011 en Collado Mediano, a los pies de la Sierra de Guadarrama.

Educar a los niños en la Naturaleza es una tendencia en laza en la que Katia cree firmemente. “Tenemos niños de 3 a 6 años, segunda etapa de la educación infantil. Vienen todos los días para estar en el monte, en lugar de estar en un aula. Tienen un acompañamiento profesional y, aunque no hacen actividades académicas, porque no es obligatorio hasta los 6 años, desarrollan todas las habilidades establecidas en el Real Decreto de infantil mediante el juego libre, en lugar de seguir un currículo concreto.

Y es que criarse en contacto con le medio natural, donde nuestra especie ha pasado la mayor parte de su existencia, ayuda a crecer de forma equilibrada sostiene Katia. Además, una “inmersión en todas las sensaciones agradables que la naturaleza nos ofrece a través de los cinco sentidos, oler, sentir, oír, sentirte abrazado por la naturaleza te lleva a sentirte tan bien”, resalta.

Una inmersión que ella Katia practica siempre que puede, sola o en familia. “Me encanta montar a caballo. Suelo ir a la Pedriza, por sus paisajes espectaculares. Para caminar elijo distintas zonas dependiendo de mi estado de ánimo. Me gusta mucho ir a  Los Cogorros, en el puerto de Navacerrada”

Su formación en países donde el monte es un recurso muy explotado, le ha dado una visión abierta hacia la naturaleza, no solo para disfrutar de ella, sino también de los bienes materiales que nos ofrece. “Me quedo con la visión escandinava de respeto a la naturaleza: La trato bien y tomo lo que necesito de ella. Obviamente necesitamos recursos de la naturaleza pero de forma ordenada y cuidadosa y siempre agradeciendo todo esto que recibimos”.

Asegura que en este aspecto su postura es “un poco más afín a la de los ingenieros de montes que a la del ecologista radical. El ecologista radical, por lo general, suele ser alguien de ciudad que no ha necesitado nunca esos recursos naturales y así es fácil tener esa idea y esa distancia. En nuestra escuela Saltamontes, a los niños les inculcamos el respeto a la naturaleza pero sin temor a utilizar lo que nos ofrece. Hay que ser racionales. Los bancos y mesas de madera que tenemos en el patio de Saltamontes están hechos de un árbol, por ejemplo”.

Sin embargo, pese a esa posición de defensa a ultranza de la naturaleza que sostienen algunos, de “se mira pero no se toca”, Katia resalta lo poco que la cuidamos, paradójicamente, tanto a nivel personal como institucional: “Me produce desazón ver la basura de todo tipo que dejamos en los montes: plásticos, botellas, todo tipo de residuos… incluso escombros. Y contra eso es muy difícil luchar. Hay que lograr una transformación de mentalidad muy profunda. Creo que deberíamos cuidar más el monte desde el amor que sale de dentro”.

Y a nivel institucional, respecto el problema con los incendios forestales, sostiene que tampoco vamos por buen camino: “Aquí tendemos a resolver el problema y no a prevenirlo. Estamos siempre con los incendios en verano cuando, como suele decirse, se deberían prevenir en invierno”.

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Acerca de Pilar Quijada Garaballú

Gabinete de Prensa COIM
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